Por Juan Ignacio Berro y Stephanie Scanzerra

Desde su despacho, Javier Miranda hace lo posible para dar señales de solidaridad con el Líbano. Luego de una gigantesca explosión en el puerto de Beirut que se llevó cientos de vidas, el presidente del Frente Amplio, que supo recorrer esas tierras, no quiere quedarse de brazos cruzados. Organiza una actividad en la puerta de la Ciudadela y se lamenta que desde una intendencia de su propio partido no le hayan llevado la idea de iluminar el cartel de Montevideo en la rambla con los colores de la bandera del país afectado.

No tiene ningún apuro y lo deja explícito. Tiene ganas de conversar. Comenta lo que sabe de Medio Oriente y luego la charla deriva en otros temas más candentes: habla de los debates, de la ley de urgente de consideración, de la salida de Ernesto Talvi de la política y hasta de la derrota del Frente Amplio. Con un café sobre la mesa, no queda tema sin tocar.

Miranda explica que la decisión del FA de que sus candidatos a la Intendencia de Montevideo (IMM) no debatan con la candidata de la coalición multicolor, Laura Raffo, fue por “razones tácticas” y “para no profundizar brechas”. Cree hubo una “cuota de soberbia” que influyó en la derrota frenteamplista en las elecciones presidenciales de 2019 y anticipa que la “lógica que adoptó” el gobierno actual para manejar económicamente la pandemia se puede pagar con una “mayor desocupación”.

Además, Miranda califica de “mamarracho” a la LUC y dice que estudia la posibilidad de un referéndum aunque no quiere “quemar el cartucho”. 

Lo que sigue es un resumen de la entrevista que el dirigente político mantuvo con Mejor Dicho.

Usted se ha manifestado a favor de los debates. ¿Por qué no habrá debate entre los candidatos del FA a la Intendencia de Montevideo y la candidata de coalición multicolor, Laura Raffo? 

Creo francamente que los debates son una buena cosa. Pero que sean una buena cosa no quiere decir que en cualquier momento y en cualquier circunstancia uno vaya a debates, que se convierten en muchos casos en meros shows mediáticos, además de (que involucran) problemas de táctica política. 

Uno gradúa cuáles son las herramientas que utiliza en una campaña política. Yo creo que el debate en general es una buena cosa, pero ¿en esta circunstancia vale la pena debatir? No. ¿Por qué? Porque el problema que tengo es que la otra candidata me plantea la polarización total, me dibuja en el mapa que el FA lo que va a hacer es atacar al gobierno nacional y ese ha sido su eslogan en los últimos meses. En esas circunstancias yo no quiero un debate porque lo que hace es profundizar esa brecha. Y no quiero profundizar esa brecha. 

Yo discuto con la candidata o con quien sea. Discutamos todos los temas, manifestemos nuestras diferencias, pero no de tal manera de generar una distancia irreconciliable con el otro. En el contexto que estamos, el debate puede llevar a eso.

Además hay razones tácticas, no las voy a ocultar. Siempre quiere debatir el que va perdiendo, porque le da visibilidad. ¿Cómo se arma este debate?, ¿tres contra uno? No lo puede aceptar. ¿Tres debates? No lo voy a aceptar yo, ¿le voy a dar tres veces cámara a la candidata que no logra levantar la cabeza? Soy un tonto si lo hago. Entonces, en estas circunstancias, por brecha o por razones tácticas, no debato nada.

El año pasado los debates fueron un show mediático y no aportaron nada. A algunos, y no estoy hablando de (Daniel) Martínez y Lacalle, sino de otros que debatieron, les vino bien para posicionarse, para hacerse ver, para tener cámaras.

Andrade y Talvi, por ejemplo. 

Sí, les vino bien. Pero, ¿cambiaron el voto? No. ¿Han visto los debates en Estados Unidos? Son show, no son verdaderos debates ni confrontaciones respetuosas. Con Lacalle Pou, con Talvi, con Sanguinetti puedo tener muchas diferencias, pero nos saludamos, jugamos el mismo partido. Por eso creo que no hay que profundizar la brecha y mantener los diálogos más o menos razonables. En estas circunstancias creo que esa no es la idea del debate.  

¿Cómo evalúa la gestión del gobierno en estos primeros meses?

A nivel sanitario bien. Sobre todo porque creo que es fundamental que haya voces únicas en situaciones de emergencia y particularmente de emergencia sanitaria. En todo caso, las opiniones que puedan tener distintos actores lo que hay que hacer es verterlas en esa autoridad sanitaria que es la que conduce. Porque la alternativa es que si no la gente hace lo que quiere: no entiende los mensajes y eso en situaciones como esta es gravísimo. Tenemos una población de una enorme capacidad de asimilación y de aceptación de los mensajes de gobierno, pero eso tiene que ver con nuestras cultura también. 

A nivel económico y social definitiva y categóricamente mal. La situación de emergencia sanitaria que se plantea, y ya en una economía que venía con algunas dificultades que se estaban empezando a manifestar, se debían tomar medidas de emergencia y el gobierno uruguayo no tomó las adecuadas, sobre todo de sostenimiento de la población con mayores dificultades, pero no solo esas: también con las pequeñas y medianas empresas. 

Hay un dato que para mi es categórico: Uruguay invirtió en la pandemia para el auxilio económico y social en el orden del 0,5% de su Producto Interno Bruto (PIB). O sea, de la cantidad de riqueza que se genera en el país, solo medio punto de esa riqueza la destinamos a paliar esa situación de emergencia social y económica. Chile, que no es un gobierno intervencionista con espíritu keynesiano, invierte el 5% del PIB. La Unión Europea dispuso un fondo de asistencia de 750.000 millones de euros y casi 400.000 son de subsidio, que no son siquiera reintegrables. 

La lógica que adoptó el gobierno en la emergencia sanitaria es una lógica equivocada. Mantuvo un programa cuya principal preocupación es reducir el déficit fiscal, incluso en situación de emergencia. Es un error y que vamos a pagar con mayor desocupación. 

¿Qué análisis hace de la campaña electoral de 2019? 

Yo tengo una visión crítica de la campaña, que pudo y debió haber sido mejor. Se cometieron algunos errores. Pero no creo –esto es un proceso que en el FA hoy está en discusión aún y que va a dar para discutir bastante– que las elecciones nacionales se pierdan por la campaña. La campaña puede tener una cuota de incidencia, incluso yo no le asignaría la cuota más relevante, pero tiene que ver con otras cosas: hay un factor ajeno al FA que es la situación económica. 

Con Uruguay creciendo entre un 6% y 7% el FA no perdía las elecciones. Estoy convencido. Pero en los últimos dos años se perdieron en el orden de los 50, 60 mil puestos de trabajo y ahí hay un problema real que la gente siente. Razonablemente la gente hablaba de que quizás fuera un tiempo de cambiar.

El factor económico, que no depende exclusivamente de la política del FA, tiene que ver con los 15 años de gobierno. Gobernar desgasta y eso es inevitable, porque gobernar es tomar decisiones, es entre este camino y este otro; y eso deja disconformes a algunos. 

Hay 15 años del gobierno atrás, hay cinco años del último gobierno que también inciden. No voy a hacer la caricatura de lo que dijo Yamandú Orsi en Búsqueda días atrás, pero, sin dudas, cómo transitamos los cinco últimos años de gobierno también inciden.

Hay una multiplicidad de factores que también explican el cambio de gobierno. Y el contrario también juega. Yo le reconozco a (Luis) Lacalle Pou que hizo una muy buena campaña, que la empezó el 1° de marzo de 2015, que no la hizo en julio, agosto y septiembre o en todo el año 2019. Está en campaña desde el origen: se preparó para eso y tuvieron un aparato de comunicación formidable. Y lograron persuadir y convencer a la gente.

¿Cree que la autocrítica pudo haber sido uno de esos errores o elementos que faltaron?

No. El problema no es la autocrítica sino la soberbia. El peor de los pecados capitales es la soberbia porque es el que te hace cometer los máximos errores: cuando te la creés, perdés porque no sos capaz de escuchar, porque no sos capaz de ver otras visiones. El ejercicio regular del poder también te hace perder capacidad de escucha: te convencés de tu propia fortaleza y vas perdiendo mirada más global, escuchás menos. El poder tiene una lógica, que funciona en todos los ámbitos de ejercicio de poder, que se va retroalimentando y encerrando en sí mismo. Eso es la burocratización de los poderes y de los partidos en particular. 

Más allá que falta autocrítica, hay una cuota de soberbia nuestra que sin dudas puede haber incidido. Insisto en que hay gran cantidad de factores. La autocrítica que sea una crítica reflexiva. La autocrítica no es flagelarse, no es decir “he pecado padre, perdóneme”. Es la crítica que uno se hace y la crítica quiere decir revisar críticamente los pasos que se dieron. Es un proceso que hay que dar y generalmente se da cuando no estás en el poder porque la urgencia del poder te exige ser menos autocrítico para no abrir flancos.

Usted tuvo muchos reparos hacia ley de urgente consideración (LUC) en plena pandemia. A pesar de eso, el FA votó gran parte de los artículos. ¿Esto es contradictorio?

Es un mamarracho (la LUC). 

Pero sin embargo el FA votó gran parte de los artículos.

Y sí, claro, si no tengo mayoría, qué voy a hacer. Tengo que intentar mejorar lo que pueda mejorar. La LUC tiene un problema de arranque: no pueden ser 500 artículos, ¡No pueden ser 500 artículos! Las leyes de urgente consideración, que están contempladas en la Constitución, en otros países se llaman decretos-leyes. Son leyes dictadas por el Poder Ejecutivo que después refrenda en el Parlamento. 

En Uruguay tiene este otro mecanismo que son los plazos breves para tomar decisión y, además, si no se toma decisión queda como vino ¿Para qué están? Para situaciones de emergencia. La Constitución prevé que si el Parlamento está considerando la ley de urgente consideración el Ejecutivo no puede mandar una nueva ley de urgente consideración. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de esa disposición constitucional? La razón es: como es un régimen de excepción, solo puede ir como ley de urgente consideración una única ley. Ahora, en 500 artículos no hay una única ley, hay 37 leyes ahí adentro. Voy desde el chorizo artesanal, a darle más potestades a la represión del delito a Juan o a Pedro, o a agravar las penas de los adolescentes en conflicto con la ley penal, a la inclusión financiera, a la reformulación del Instituto de Colonización, ¡a la reforma del Código Civil sobre las donaciones inoficiosas! ¿Pero cuál es la urgencia de considerar el régimen de las donaciones inoficiosas? 

Entonces lo que hicieron fue…¡una estafa! Me meten 37 leyes en un vagón. Es inaceptable. Entonces, voy a votar en contra, en bloque voto en contra. Pero cuando entro en el detalle de la discusión no solo proponen una modificación que habían propuesto ya en la campaña electoral que era la libre importación en el combustible refinado para el mercado, sino que además fueron por la desmonopolización de la refinación de petróleo en el Uruguay. ¡Voy a hacer todo lo posible para que eso no salga!

Para esos artículos que consideran más “lesivos”, ¿el FA piensa convocar a un referéndum o alguna otra iniciativa?

No lo sé. No lo tenemos definido porque además no queremos entrar en la lógica simplona de referéndum sí, referéndum no. Las lógicas binarias no funcionan. Los referéndum obedecen a muchas cosas: no solo a que la ley sea mala y que hay que anularla, sino también a qué chance real tenés de hacerlo y además en la primera batalla yo no te pego con ese centro. 

Empiezo tirando una piedra, porque si me largo a un referéndum ahora y mañana me meten una ley para que Antel tenga que prestar toda su infraestructura para que le compitan las privadas sobre la infraestructura que invirtió (esa sí que me preocupa enormemente) y tengo que ir a un referéndum con esa ley porque me parece una barbaridad, ¿qué hago con eso si ya quemé el cartucho? Despacito, no me saquen calzado, no me pechen. Voy a estudiarlo. 

¿Por qué cree que Ernesto Talvi se va de la política? 

Acá no puedo hablar como presidente del FA, sino quiero hablar más en términos humanos. Talvi es un hombre de buena fe, que se metió en la política convencido de que la podía transformar. Cuando él escribió en la carta “no es lo mío”, fue absolutamente sincero. 

La salida de Talvi le hace muy mal al gobierno porque resquebraja la coalición. Porque fue una coalición electoral, un acuerdo para impedir que ganara el frente, que es perfectamente legítimo. En ese acuerdo electoral se genera ya una coalición que es débil por su propia estructura, es una coalición de ocasión. 

Insisto mucho con esta idea de la coalición de papel, no hay mayor sustancia en ello. Pero la salida de Talvi le abre una grieta, opone icónicamente una grieta en la articulación de la conformación de la coalición y desnuda brutalmente su debilidad.

También le hace mucho mal al Partido Colorado (PC) y no le estoy echando la culpa a Talvi. El PC es un partido histórico muy importante en la construcción del Uruguay más allá de su caudal electoral actual. El PC había quedado muy encerrado en una lógica muy conservadora y Talvi les aparecía como una opción que recuperaba cierto aire de batllismo. Y pierde ese papel, aunque es probable que surjan otros líderes.

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