Por Diego Domínguez y Joaquín Pisa

La oficina ambientada para recibir empresarios, políticos o periodistas del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES) solo tiene una mesa cilíndrica grande con algunas sillas, dos banners del centro en gris y celeste, una plantilla gigante con todas las empresas que reciben sus estudios, y una ventana ancha que da al patio de la casa devenida en oficinas, ubicada en el corazón de Pocitos. Las paredes blancas le dan un aire de sobriedad a un lugar casi inmaculado. 

La secretaria dice que Ignacio Munyo está en una conferencia por Zoom, sin mucho más detalle. Con la oficina ya ocupada y desordenada por las cámaras, el economista llega algunos minutos después con cara alegre, traje marrón claro y camisa blanca, sin corbata. Saluda con los puños, como ya es costumbre, y habla un poco de la última fecha del fútbol uruguayo para distenderse aunque sea unos minutos de la economía.

Esa ciencia es todo en su vida. Además de asumir en junio el cargo de director del CERES, Munyo trabajó como consultor económico de Grant Thorton, es profesor y catedrático de la Universidad de Montevideo, columnista en El País y miembro de los directorios de la Bolsa de Valores de Montevideo y de la Sociedad de Economistas del Uruguay.

Se sienta del lado de la pared para que la ventana lo ilumine, sugiere colocar el banner celeste del centro para dar más color, empieza a tomar su café y da su versión sobre la actualidad y el futuro de Uruguay, que tiene un gobierno que, en su opinión, es el único responsable de mejorar su propio futuro en medio de esta crisis de actividad mundial. La apertura a los nuevos mercados, las reformas laborales tardías y la regulación de los gastos de las empresas públicas son algunas de sus críticas más firmes a la realidad que analiza con CERES.

En este contexto de crisis mundial, ¿cuál debería ser el rol del gobierno uruguayo?

Uruguay tiene una tradición larguísima de asistencia, es uno de los pioneros en el mundo, y eso condiciona. Uruguay está gestionando la crisis en base a los recursos que tiene y no hay que buscar lo ideal, hay que ser realista. En economía la sábana es corta: si uno se tapa la cabeza, los pies quedan afuera. Es muy complicado, y condiciona el punto de partida también. 

El Uruguay prepandemia tenía una situación de deuda pública y déficit fiscal muy elevada, que te ata de manos para hacer políticas públicas y sociales que impliquen un mayor gasto a corto plazo.

Es una crisis que le pega a todos los países, ¿cuáles son las fortalezas y las debilidades de Uruguay en ese contexto?

Uruguay tiene una gran fortaleza que es la imagen que ha generado por el manejo de la pandemia. El país es ejemplo en los últimos meses por cómo ha logrado achatar la primera curva y por cómo ha logrado achatar la segunda. Hay que estar permanentemente alerta porque esto no está terminado, pero el país ya logró diferenciarse del mundo por lo efectivo que fue su ataque contra la pandemia. Eso logró que Uruguay esté en el mapa mundial, le permitió posicionarse como un país diferente, y ni que hablar si lo comparamos con la región de América Latina en la que estamos.

¿Cuál puede ser el impacto con socios como Argentina y Brasil, y cuáles son las diferencias con ellos?

La situación del manejo de la crisis fue totalmente diferente, tomaron caminos diferentes. Son realidades completamente distintas, Uruguay ha sido muy exitoso, no solo por las decisiones que se han tomado en este gobierno, sino por una acumulación de características comunes por aspectos de salud del país, por una serie de factores que permitieron diferenciarnos de la región en materia sanitaria. 

En materia económica Uruguay es bien distinto de Argentina, porque allí es tremendamente complicado. En Brasil la situación precovid era buena, había una perspectiva de crecimiento, pero fue tan malo el manejo de la crisis que ha minado las posibilidades económicas de recuperación y habrá que ver cómo hacen para recuperar las perspectivas previas al virus. Uruguay venía mal antes del COVID, estaba en recesión, y ahora se viene recuperando levemente pero está muy lejos de poder retomar un crecimiento que la economía no tenía.

¿Cómo puede evitar perder Uruguay entonces perder el grado inversor?

Para mantener el grado inversor Uruguay tiene que tomar medidas. Hay que entender que el grado inversor es una categoría, un sello que te ponen calificadoras internacionales de riesgo, que te dicen: Mirá, prestale plata tranquilo al Uruguay que Uruguay te va a pagar”. Es eso. 

Uruguay tiene que estar seguro de que la deuda pública que tiene, que es alta, no va a seguir creciendo, no va a alcanzar un nivel que sea difícil de pagar. Si uno se fija las gráficas de crecimiento de la deuda hoy y no se hace nada, puede alcanzar en cinco años niveles impagables, que la historia nos ha mostrado que no podemos pagarlas con las condiciones tal cual están. 

Por lo tanto hay que hacer algo ya, y hacer algo ya implica dos frentes: reducir el déficit fiscal –que implica distribuir en lo que es urgente y lo que se puede postergar–; y al mismo tiempo hay que lograr que la economía vuelva a crecer.

La deuda se puede pagar si la economía crece. Es lo mismo que una casa que tiene una deuda: uno la puede pagar si tiene recursos para pagar. Si uno no crece y mantiene lo mismo, la deuda se vuelve cada vez más pesada. Ahí es donde se juega el partido.

¿Y cómo se logra que la economía vuelva a crecer?

Implica una serie de reformas que el país tiene pendientes para generar condiciones para que haya nuevamente inversiones. El crecimiento viene de la mano de la inversión. Una empresa invierte cuando hay rentabilidad. La rentabilidad depende de los costos y Uruguay es muy caro. Los servicios públicos son muy caros, y los costos laborales en general, no solo los salariales, son muy elevados. Por lo tanto, las empresas que invierten, tanto nacionales como internacionales, no están teniendo casi retorno. Es difícil tener un crecimiento importante de la inversión sin mayor productividad ni reducción de costos. Y no hay crecimiento sin inversión.

¿El gobierno debería asistir con una renta básica a los más vulnerables?

El gobierno tiene una decisión muy compleja. Todos querríamos asistir con una renta básica a los ciudadanos que tienen más necesidades. El tema es que los recursos son finitos y tienen que asignarse de la mejor manera posible, teniendo en cuenta que el grado inversor no está asegurado ni mucho menos. Ese es el paquete que el gobierno tiene que analizar. Habría que tener cuidado de las consecuencias de perder el grado inversor, que son más de mediano y largo plazo. Te lleva 10 años recuperarlo, por lo menos; entonces generás algo que va a ser muy costoso. Si preferís darle una solución a los que más lo necesitan, sin importar lo que pase después, es una decisión política. La tiene que tomar el que está diseñando el presupuesto y analizando las cuentas públicas.

¿Y cómo se puede lograr un equilibrio?

Lo ideal sería agarrar la torta de gastos y decir “voy a sacar de acá y voy a poner acá”: no generar nuevos gastos sino que redistribuir. El problema es que esa redistribución no es nada fácil porque todos están pidiendo más. Es muy complejo y ahí es donde hay que elegir. No se puede todo.

¿Ese es el camino que tiene que seguir Uruguay entonces?

Es que no es magia, acá no se pueden generar recursos de donde no hay. Cualquier persona que tiene una plata en el bolsillo o compra esto o compra lo otro. Esto es lo mismo. El tema es qué elegir, y ahí está todo el diseño de la política económica y de las prioridades que pueda tener el gobierno.

¿Hay chance de abrir nuevos mercados?

No se están abriendo. Es un año especial, pero Uruguay tiene una oportunidad grande ahí. El Mercosur, que en principio de forma estatutaria es una tranca para que Uruguay logre acuerdos de comercio por su cuenta, es difícil que pueda bloquear acuerdos que pueda hacer Uruguay por su cuenta ahora porque ha quedado medio disfuncional. 

Tenemos a Alberto Fernández por un lado, que dijo que no le interesaba ni participar en las reuniones del Mercosur; Bolsonaro, por el otro, dice que el Mercosur no sirve para nada, por lo tanto no creo que acá haya Mercosur que esté en condiciones de trancar nada. La buena noticia es que Uruguay tiene en sus manos la posibilidad de avanzar. La mala noticia es que no se avanza. Hemos perdido muchísimo tiempo en esto y se juega la vida el Uruguay en una mejor inserción internacional.

¿Pero que existe una chance para aprovechar?

Hay que generar las chances, no aparecen solas. Uruguay tiene que generar los contactos, las misiones, los viajes. Hay que tener bien claro qué ir a buscar y a qué lugar. Hay que elegir exactamente las batallas que dar en cada uno de los mercados dependiendo de los productos que Uruguay coloca en cada mercado. Y ahí hay una agenda enorme para avanzar, una agenda con muchísimo por delante, y lamentablemente estamos perdiendo tiempo en eso.

¿Qué mercado ves más cercano?

Hay que ir a todos los mercados. Hay oportunidades de mejorar los ingresos en Estados Unidos y ni que hablar en todo Asia, no solo China. En el sureste asiático –Tailandia, Indonesia– hay oportunidades enormes. También en el Medio Oriente, Dubai, Emiratos Árabes. 

El mundo es amplio. Uruguay tiene posibilidades de proveer alimentos de buena calidad al mundo, a los buenos mercados con consumidores sofisticados y con mayor poder adquisitivo. Hay que hacer gestiones que llevan mucho tiempo de negociaciones para colocar a la producción del Uruguay. 

Debe haber una gestión público- privada. Los productores tienen que ir de la mano del gobierno, que va abriendo fronteras, que se reúne con las autoridades de cada país para que las fronteras se abran. Pero es un proceso de mucho trabajo y se tiene que apretar el acelerador ahí. Es muy importante para el país.

Según el gobierno, Uruguay puede traer nuevos inversores, ¿cuáles crees que han sido las leyes que han favorecido esta posibilidad?

Más allá de leyes, Uruguay está en el foco de los inversores internacionales por dos razones externas: las tasas de intereses están bajísimas, por lo tanto no hay rentabilidad en ningún lado; y porque Uruguay ha hecho un gran manejo de la crisis sanitaria. 

Estamos en el mapa y tenemos interés. También está el lado de Argentina, que está en una situación económica gravísima y los argentinos miran a Uruguay para invertir. ¿Qué se hace para poder aprovechar eso? Una cosa es que miren, otra cosa es que inviertan. Hay medidas del gobierno, como la de la residencia, que buscan acelerar ese proceso. Lo que se deben implementar en los próximos meses son políticas para mejorar la productividad de esa inversión, para que haya una rentabilidad más efectiva más allá de aspectos burocráticos, para que el que invierta tenga una rentabilidad y que eso fomente la inversión genuina. 

Hay que hacer reformas profundas como reformar la regulación laboral y regular las empresas públicas para que bajen costos la luz, comunicaciones, energía eléctrica, el agua, el combustible. También se tiene que mejorar la inserción internacional porque el que viene a instalarse para invertir quiere producir para vender afuera, y el Mercosur no es la alternativa. Quiere vender al resto del mundo, y ahí es donde hay que mejorar las condiciones de acceso.

¿Qué implica la flexibilización laboral?

Implica adaptar la regulación laboral actual al mundo en que vivimos. La regulación laboral actual no está adaptada a las necesidades actuales que tienen tanto las empresas como los trabajadores. Hemos vivido, estamos viviendo y seguiremos viviendo un avance muy importante de la automatización de procesos y tecnología que implica que las personas puedan interactuar con la tecnología de forma más flexible y no a través de un horario estricto de ocho horas exactas en determinada hora del día; que se pueda acumular horas un día y traspasar las horas a otro día; que las categorías laborales que están definidas en los consejos de salarios no sean tan estrictas sino que den flexibilidad para cumplir las tareas de acuerdo a las necesidades del momento. Es la única forma de que hayan mejores perspectivas en el empleo, y creo que está jugando en contra de forma importante la regulación laboral y de la contratación de nuevos puestos de trabajo por parte de las empresas.

¿Esta crisis va a ser peor que la de 2002?

Hay una gran diferencia que es que en el 2002 hubo una crisis financiera. Los bancos quebraron, hubo problemas para sacar depósitos, hubo una megadevaluación. Ahora tenemos una crisis diferente de actividad porque muchos sectores tuvieron que cerrar de forma obligatoria, entonces es distinto el bicho que estamos hablando.

La recuperación también será distinta. Después de 2003 arranca una recuperación muy fuerte en Uruguay, que tiene un ciclo hasta 2014 de mucho crecimiento económico, como nunca se ha visto en el pasado. Pero vino de la mano de condiciones internacionales muy favorables, con precios de lo que Uruguay vende como nunca vistos antes. Ahora no es tan fácil. Creo que en Uruguay la recuperación depende más de lo que haga el país internamente, de los cambios que el país pueda implementar, y menos de lo que puedan ayudarnos los vientos que soplan de afuera.

¿Quién podría ser el héroe de esta crisis?

El héroe es el Uruguay. No podemos esperar nada de nadie, tenemos que hacer las reformas que el país tiene pendientes hace mucho tiempo y es el momento de llevarlas a cabo ahora porque se necesitan, porque son el motor necesario para aprovechar la oportunidad que tenemos. Pero es una oportunidad que no se va a aprovechar si no hacemos las reformas que el país necesita para ser más productivo y más atractivo para invertir.

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