Por Juan Vique y Guillermo López

Óscar Andrade parece apurado. Muy apurado. No tiene reparos en posar para la foto pero todo lo hace con un gesto ansioso. Se toma la cabeza y mira el piso. La actividad política en estos momentos es “frenética” y lo tiene “sin descanso”. 

Todo cambia cuando empieza a hablar. Responde extensamente a cada una de las preguntas y un cortado le ayuda a ordenar las ideas de vez en cuando. 

Andrade cree que la gestión sanitaria de la pandemia fue correcta pero que “no se tomaron medidas para atender la emergencia social” y sí “se tomaron algunas que la profundizan”. Además, pronosticó que habrá referéndum contra artículos de la Ley de Urgente Consideración porque “el movimiento social no dejará pasar algunas cosas”.

¿Cómo evalúa la gestión de la emergencia sanitaria por parte del gobierno?

Hay cuatro líneas en las que tenés que hacer un balance. Una es la atención sanitaria de la emergencia, que es correcta. Ha logrado objetivos importantes incluso en la comparación internacional. Una gestión que tiene mucho que ver con que Uruguay presenta fortalezas en su sistema de salud bien diferentes a las que uno puede encontrar en la región, y además un papel muy destacado de la comunidad científica. 

Un segundo capítulo es la gestión económica y social de la pandemia, y ahí la mirada es muy crítica. Los recursos destinados para atender la emergencia social están muy lejos de los destinados por cualquier país de la región. Cualquiera tiene conocidos que atraviesan una situación complicada. Alcanza con recorrer algunos barrios o ver la situación de pequeñas empresas que cierran o se retrasan con el alquiler. No se tomaron las medidas para atender la emergencia social y además se tomaron medidas que la profundizan. El intento de recorte del presupuesto del Estado en los funcionarios públicos no debió haberse aplicado en medio de la pandemia. Recortar el programa “Crenadecer” del BPS, retrasar el arranque del programa Uruguay Trabaja,  recortar los programas del Instituto de Formación Profesional. 

Todos los presupuestos de las empresas públicas van a la baja de manera pronunciada. Retirar al Estado en medio de la pandemia es un grave error. Además porque a la salida de la pandemia Uruguay no va a presentar un escenario de déficit fiscal diferente al que van a presentar el resto de los países. Entonces ahí soy muy crítico y veo algunas señales muy preocupantes, tal vez la más notoria sea el recorte a los programas de ciencia y tecnología. 

Un tercer capítulo es la política salarial, que no atiende circunstancias específicas. Que en determinados sectores, como el turismo, se congele el salario para mantener los puestos de trabajo lo entiendo, pero no puede ser igual un sector paralizado y un sector que a pesar de la pandemia mantiene determinado nivel de actividad, como por ejemplo el sector cárnico. Políticas salariales que además son recesivas desde el punto de vista del impacto en la economía interna. 

La salida de una situación de mucha dificultad no puede ser a la espera de que el mercado resuelva, tiene que tener un fuerte componente estatal. Postergar el sorteo de junio de 1.000 viviendas del sistema cooperativo retrasa seis meses el inicio de las obras y por lo tanto posterga puestos de trabajo. Son medidas que impactan fuertemente y que tienen un criterio de prioridad difícil de justificar. Recortan en sectores que van a generar situaciones muy complejas, y sin embargo en el escalafón “K” de las Fuerzas Armadas (FF.AA) no suprimen una sola vacante; ¿Medioambiente y Ganadería te dan para suprimir dos tercios de las vacantes y este caso no da para suprimir un décimo? Parece obedecer más al peso político de algunas corporaciones en la interna del gobierno que a un criterio general.

El elemento final es el presupuesto, que todavía no está sobre la mesa, pero tiene anuncios que son preocupantes. Lo que dijo la ministra (Azucena) Arbeleche, que la universidad tiene mucho presupuesto y que ahí se puede ahorrar, se debió conocer en campaña, pero en ese momento se decía que se iba a priorizar la educación.

Si hubiera sido electo presidente, ¿gastaría más?

El mismo acierto que tuvo el gobierno en apoyarse en la academia para atender los efectos sanitarios, no lo tuvo para atender los efectos económicos y sociales. De las recomendaciones que hizo el Instituto de Economía para evitar la caída de gente en la indigencia y la pobreza no se tomó una sola. Un punto del producto bruto interno hubiera financiado 5 meses de renta básica de emergencia. Estaríamos más endeudados pero la situación social del Uruguay sería muy diferente. 

En 2002 no hubo incremento de nada, pero por la razón del artillero, no había un peso. Atchugarry llegó a hacer gestiones con el movimiento sindical porque estuvo al borde de pagar los salarios con bonos. Se podía cuestionar cuántas de las medidas de los 90 generaron la vulnerabilidad que nos impactó en la crisis del 2002, pero en definitiva no había mucho margen de acción porque no había plata. En este caso, lo dicen referentes del gobierno, sí hay líneas de crédito disponibles para atender la emergencia. Entonces la crítica política es profunda: no es lo mismo tener un vecino que no le da de comer al hijo pero tiene la heladera vacía que uno que no le da de comer al hijo y tiene la heladera en condiciones de atender esa emergencia. En ese sentido, tanto las medidas no tomadas como las que profundizan el ajuste, son un error. Tengo claro que lo que estamos pidiendo hoy nos obliga a pensar cómo se ajusta la economía una vez que salgamos de la crisis. También es cierto que votamos cosas que marcan dónde se va a ajustar. 

Se acaba de votar, con nuestro voto en contra, extender a 10 años el periodo de vacación tributaria para los no residentes, que además van a ser aceptados con 60 días de estadía en Uruguay. Venís a vacacionar en Uruguay, tenes un chalet en Punta del Este o vendes el que tenes y compras otro, y por 10 años tributás cero. La pandemia generó un debate académico muy profundo en términos económicos. La tendencia que ganó espacio durante los 90 y parte del 2000 era ir por modificaciones tributarias que no estuvieran concentradas en impuestos al patrimonio y la renta, y eso ahora parece poco lógico: que después de una situación de impacto social y económico tan fuerte los sectores más potentes no tengan nada para aportar. 

Colocar los estándares más bajos, parece ir en la dirección que tomamos en los 90. Precisamos una estrategia que fomente el trabajo decente, apostando a inversión pública y privada de calidad, de ciencia y tecnología, de articulación de un concepto sistémico de competitividad. En este caso parecen ser señales de competir a la baja: no controlo evasión de aporte, no controlo las normas laborales y medioambientales. Los efectos de esa búsqueda terminan siendo terribles en términos sociales, y tampoco te desarrollan mucho en términos económicos. Creo que ese rumbo es equivocado para la salida. Sigue siendo impostergable que se atienda con una renta básica de emergencia a amplísimos sectores que están en la recontra lona. 

¿Cómo ve el rol de oposición que está haciendo el Frente Amplio (FA)?

El FA ha tenido una enorme dificultad, a pesar de que es innegable que tuvo gobiernos exitosos. Logramos demostrar la tesis de que para luchar contra las desigualdades y lograr desarrollo productivo es muy importante tener el timón del Estado, no alcanza sólo con la lucha social. 

Los 15 años del gobierno del FA lo demostraron: hubo un descenso de la pobreza muy importante, 15 años sostenidos de aumento del salario real y jubilaciones, logró ensanchar los derechos laborales y aumentar la formalización a la vez que aumentó el nivel de la inversión en relación al producto. Avanzó en la misma lógica con medidas contra la desigualdad. Una nueva agenda de derechos, una fortaleza institucional desde el punto de vista de las empresas públicas muy fuerte, un sistema financiero que era parte del problema y pasó a ser parte de la solución, el cambio de la matriz energética, la matriz de telecomunicaciones. Resultados que deberían ser indiscutibles más allá de las cosas que quedaron pendientes. 

Pero fueron 15 años de debilitamiento del FA como fuerza política, con cada vez menos gente organizada, menos comité, menos peso relativo en la inserción en la sociedad.

¿Fue un error del FA o algo intencional? 

El primer periodo tuvimos que destinar los principales cuadros a las tareas de gobierno, y esos cuadros se lo restas a la estructura del FA. Eso a mí me sirve como justificación en el arranque.

Pero si sucede algo es porque no tomaste las medidas para evitarlo. Se priorizó excesivamente la gestión y se debilitó mucho la síntesis organizativa de una fuerza política que tiene como referencia representar los intereses de sectores postergados o reprimidos, que se representan si se organiza la fuerza para hacer escuchar esas voces. Un caso muy claro es ahora, ¿en qué sectores es más difícil que se retroceda? En los sectores que están más empoderados. ¿Por qué se recortan fácilmente políticas sociales o de los trabajadores rurales? Donde estás más débil dura muy poco lo construido.

El FA tuvo problemas importantes en su articulación con los movimientos sociales siendo gobierno y eso se expresó en una izquierda con menor capacidad de movilización que la necesaria. Cuando la situación económica, con resultados positivos pero de menor magnitud, se puso más compleja, no logramos instalar en la discusión política una mirada que tuviera en cuenta los factores externos. El FA llegó al nivel de desempleo más bajo en la historia pero no logró explicar que ese era un pico muy difícil de sostener, porque tienen que coincidir todos los motores de la economía al 150%.

Era difícil pararse como oposición, y más en un contexto de pandemia, y además con un recambio generacional. Hay que tomar este momento como uno de aprendizaje a través de autocríticas prácticas.  Si lo que nos faltó es más debate estratégico, resolvamos más debates estratégicos. Si falto fraternidad militante, más fraternidad militante. Si falto más calificación de cuadro o más control sobre el papel de los compañeros que estaban en la gestión, que haya más control.

Poner todos esos debates en términos de que la herramienta política sigue siendo una herramienta válida para luchar contra las desigualdades, y parado en esa convicción, procesar una discusión que te para como oposición de lo que tenés que estar en contra, porque no vamos a estar en contra de todo. Pero sí hay una línea gruesa de temas que nos preocupan. En los intentos de reglamentar y limitar la acción de los trabajadores el FA tiene que jugar un papel de oposición sólido. 

Después de 15 años de gobierno tenés que tomar esa experiencia como un aprendizaje para que tu aporte sea más constructivo, pero estar en la oposición implica entender que lo que ganó tiene una lógica de prioridades diferente en muchos terrenos. 

Si no hubiera perdido capacidad organizativa, y no estuviera en contexto de pandemia. ¿La oposición sería más confrontativa?

En otro contexto la respuesta hubiera sido mucho más fuerte. El gobierno aborda las relaciones laborales desde el ángulo de limitar el derecho de huelga y las manifestaciones callejeras. Si mañana tenés un puñado de trabajadores que tranca la salida de camiones de la fábrica porque están sin pagar los salarios, la ley que se votó habilita a que eso sea declarado ilegítimo, los disuelvas con la policía y sean declarados despedidos por notoria mala conducta. ¿Y el no pago de salarios antes de la manifestación? ¿Cómo podemos abordarlo desde ese lugar? Si los estudiantes realizan una sentada porque el vidrio de un salón está roto, y mientras dura no entra ni sale nadie; ¿Lo disolvemos con la policía como primera acción? No, nunca puede ser la primera acción. 

Que el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto sea testigo técnico en un juicio contra el estado Uruguayo, en una situación que no fuera de emergencia sanitaria, sería un escándalo. Que un sector de la coalición presente una moción para que el Senado de la república se pronuncie y condene a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) es un escándalo. Si eso se vota, Uruguay se expone al ridículo, y a sanciones internacionales. No reconocer los valores inherentes a la persona humana y los derechos humanos es darle la espalda a la humanidad. 

Si el FA tuviera otra capacidad de acción, organización y comunicación, estos temas serían mucho más notorios de lo que son.

¿Cree que hay que ir por el camino del referéndum a la LUC?

¿Hay contenidos que son lo suficientemente regresivos como para que haya una consulta popular? Sin dudas. Reglamentar el derecho de huelga, establecer un mecanismo que sepulta los derechos de los trabajadores docentes, liquidar la autonomía universitaria. Es de las mejores herencias del Batllismo, no es del FA. Que se lastime la autonomía en la educación es un debate lo suficientemente regresivo como para colocarlo en consideración.

Lo que hay que reflexionar ahora, con el movimiento social todo, desde la academia a la cultura, desde el movimiento sindical al cooperativo, los jubilados, es si tenemos fuerza para jugar esta parada. ¿Nos alcanza la fuerza para juntar 700.000 firmas y lograr una consulta popular? Puede ser muy justa la causa, pero si no dan los números no tenés cómo defenderla.

Si me pedís un pronóstico; va a haber referéndum. Conociendo el movimiento social hay cosas que no se van a dejar pasar. 

¿Fue la soberbia lo que hizo que el FA perdiera las elecciones en 2019?

Hubo varios problemas. No pudimos resolver los temas de violencia en la sociedad y nos hizo pagar un peaje altísimo. El FA llegó al gobierno diciendo que había que trabajar en el delito atacando sus causas. Para resolver las cuestiones de violencia en la sociedad un país tiene que resolver la segmentación territorial, lograr transformaciones profundas del sistema carcelario, y alcanzar niveles importantes de acceso a la educación y la cultura. Ahí se juega una parte importante del partido. 

Sin embargo, producto del incremento de los niveles de violencia en la sociedad, empezamos a tener dificultades enormes para trabajar en lo que tenemos que trabajar más. La izquierda entró a abandonar su postura original y dió paso a reclamos que ponen un énfasis mayor en la seguridad que en la convivencia. ¿Qué país del mundo resolvió de forma inmediata los temas de seguridad y convivencia? ¿Y desde una postura represiva? Ninguno. Sin embargo, la presión social nos llevó a estar varios meses a la defensiva. Si querías defender una postura integral parecía que estabas defendiendo al asesino. La demagogia punitiva nos terminó acorralando. 

Y después tuvimos dificultades en una de las empresas públicas. ANCAP hizo la obra ambiental más importante de la historia del país pero generó un colapso desde el punto de vista del manejo financiero y de la coordinación de obras que, sumado a algunos problemas de gestión, tuvo impactos durísimos. Además al frente de ANCAP estaba uno de los compañeros con mayor visibilidad política del último período. 

Tercer componente que explica la derrota: un escenario económico adverso que el Frente no logró explicar nunca. Por primera vez en la historia del país, Argentina y Brasil se caen a pedazos y Uruguay crece, menos pero crece, y eso que tendría que ser un mérito pasó a ser un demérito. Te comparas con el 2014, cuando tuviste el mayor nivel de inversión privada de la historia. El FA se cerró y no pudo explicarlo jamás.

¿No le cabe responsabilidad a la elección del candidato?

Si Nacional pierde un partido, el que estuvo en el banco de suplentes parece que podría haber jugado mejor. Pero sería muy injusto pensar que el problema fue sólo el candidato. Es cierto que tuvimos un candidato con mucho menos potencia que los anteriores, pero todo lo demás también existió. 

Hubo un conjunto de medidas que nos enfrentaron con el campo popular. El decreto de esencialidad en la educación, tal vez el error más importante de Tabaré en su historia política, nos enfrentó insólitamente con el campo popular. 

En el capítulo de errores; Manini no fue el comandante en jefe de los gobiernos de derecha ¿no? Fue comandante en jefe de los gobiernos del FA. Un error tremendo desde el punto de vista de la política del FA respecto de las FF.AA. Terminas después de 15 años con tribunales de honor que dicen que atar con alambre a un tipo y tirarlo al río no va contra el honor de las FF.AA.

Uruguay tiene que estar orgulloso de ser de los países con más derechos laborales de toda América Latina. Ahora si el relato que se genera es que los sindicatos son una peste… Uruguay tiene que estar orgulloso de ser de los países con menos pobres de América Latina, pero si pensás que cada plan social es alimentar a un “pichi”, que va a ser vago, estas en el horno. Nos faltó mucho debate cultural. Porque usted mi amigo, vive gracias al Estado. ¿Dónde estudia? En la escuela pública que puso el Estado; “Ah pero voy a la privada”, el Estado financia la educación privada, que tiene subsidios anuales que son del mismo tamaño que todo el presupuesto del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES).

Tuvimos mucha dificultad en traducir en términos políticos el relato de que la política expresa luchas contra las desigualdades, y cuando luchas contra las desigualdades, muy pocas veces es en consenso pleno. 

Cada vez que tenés que reivindicar un derecho generás ruido. Siempre tenés resistencias desde lo viejo. El FA no se preparó bien para combatir a lo viejo, no construyó su relato.

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