Por Juan Ignacio Berro y Stephanie Scanzerra

Graciela Bianchi no tiene pelos en la lengua. Después de años de haber militado para el Frente Amplio (FA) –incluso en los sectores más radicales, como la Unión de la Juventud Comunista–, hace ya más de siete que forma parte del Partido Nacional. Antes de renunciar al FA, escribió una larga carta de renuncia al cargo de secretaria del Consejo Directivo Central (Codicen) que ocupaba en el gobierno de José Mujica –a quien define como el peor presidente de Uruguay– y volvió a ser directora del Liceo Bauzá. 

Ahora Bianchi –quien se define como nacionalista y no blanca y aclara haberse recibido con una monografía de Aparicio Saravia– ocupa una banca en el Senado: es una de las tres senadoras del Partido Nacional y la que asumirá la Presidencia en caso de ausencia de Luis Lacalle Pou y Beatriz Argimón. 

Esta abogada, escribana y también historiadora cuenta con experiencia parlamentaria: fue diputada en la anterior legislatura a pesar de que podría haber optado por acceder al Senado (algo que le correspondía por ley de cuotas), aunque en ese entonces optó por concederle ese puesto al hoy secretario de Presidencia, Álvaro Delgado.

Su labor como senadora, admitó, le demanda más trabajo que como diputada. Y es que, según explicó, los diputados trabajan únicamente en dos comisiones: una permanente y otra especial. En el Senado es distinto: cada senador debe elegir cinco comisiones en las que desempeñarse lo que, en los hechos, “es más demandante”. 

“Todos los días tenés una comisión, y por supuesto que hay que estudiar, saber qué se va a tratar e ir preparado”. Actualmente integra la comisión de Constitución y Legislación, en donde “entran los proyectos más difíciles desde el punto de vista jurídico” y le insume, en total, unas “diez u once horas por día”.

Atrás quedaron los días en los que Bianchi, según confesó, protestaba porque los senadores trabajaban solamente del 1º al 18 de cada mes y se preguntaba por qué no se trabajaba del 1º al 30: “Ahora me doy cuenta que en realidad es imposible porque si no no tendríamos tiempo ni de estudiar ni de recibir gente que contínuamente pide entrevistas”. 

Pero además, la senadora explicó que hay una concepción errónea en la población sobre la labor parlamentaria: “A los que dicen que los legisladores no trabajan que me los traigan porque el problema que sucede es que la mayor parte del trabajo que es en comisión y la gente no lo ve. La gente cree que solo trabajamos cuando estamos en sala. Y cuando estamos en sala ya está: uno ya estudió, ya discutió políticamente, ya tiene una posición o la cambia durante la discusión, pero el trabajo técnico se hace en las comisiones”. 

Al ser una figura muy asociada con la educación, es posible especular con que le hubiese gustado ocupar algún cargo en el Ministerio de Educación y Cultura. Aunque Bianchi fue enfática en que nunca le interesó. Sí le hubiese atraído asumir la presidencia en el Codicen en caso de que Lacalle Pou hubiese ganado las elecciones en 2014: “Yo le dije: `Mirá Luis, yo te doy las dos bancas, porque siempre tuve las dos bancas y yo opté por una, y dame la presidencia del Codicen”. 

Cinco años más tarde, la situación es otra. “Se jubiló gente (en el Codicen) que para mi era la masa crítica con la que yo podía trabajar y yo tengo cinco años más”, aclara, además de contar haberse alegrado cuando le dijeron que Robert Silva, amigo personal, iba a asumir ese cargo. 

“Yo que me siento bien como parlamentaria, me dedico a defender al gobierno desde el Parlamento. La presidencia del Codicen es un gustito que me quedó por ahí, pero desde acá puedo hacer mucho más de lo que la gente piensa”, sostuvo la senadora nacionalista. 

“Un enorme circo sustentado por pies de barro”

La pandemia del coronavirus le cayó como balde de agua fría al presidente de la República y su equipo de gobierno, aunque no así los efectos que provocó en la población, como la cantidad de uruguayos que necesitaron ayuda del Estado. 

Para Bianchi, era previsible que ante cualquier sacudón muchos orientales iban a quedar en una posición de debilidad ya que ella dice haberlo percibido en sus últimos años como directora del Liceo Bauzá: “Lo que creo es que la pandemia dejó en negro sobre blanco que esto (la situación social del país) era un enorme circo sustentado por pies de barro y que la pandemia lo que hizo fue acelerarlo y que se notara”.  

Según contó, la diferencia que notó entre 2005 (cuando se fue de la dirección del liceo para ocupar el cargo de secretaria en el Codicen) y cuando volvió en 2010 fue “abismal”. “Fue la marginalidad cultural lo que más me llamó la atención: la falta de manejo del idioma, la falta de criterios básicos para moverse en una institución, la falta de criterios básicos de respeto a la autoridad legítimamente constituida. Era evidente que esto se iba a notar”, aclaró. 

La pandemia como oportunidad para conocer mejor al presidente

Fue la forma de ser del presidente la que, para esta senadora, ayudó a que el camino que el país atravesara a lo largo de la pandemia fuera satisfactorio. Al momento de hacer una evaluación, Bianchi dijo que “lo que permitió la pandemia fue conocer al presidente que tenemos” y que gracias a su rigurosidad en el trabajo cotididano y su “humanismo liberal” el rumbo que el gobierno ha tomado es el correcto. 

El hecho de que el presidente se haya basado en científicos para tomar decisiones “no es casualidad” argumentó la senadora, quien conoce de cerca al presidente y le plantea sus discrepancias en caso de tenerlas. Además, aclaró que ninguna medida se toma sin antes ser consultada con el comité científico asesor. 

El énfasis en la formación docente para revertir la mala situación educativa

Como educadora que es, Graciela Bianchi cree que es difícil revertir la situación educativa, en la que en 2019, por ejemplo, solamente el 42% de los jóvenes de entre 21 y 23 años habían egresado de educación media superior. Según su estimación, uno de los pilares básicos para que esto mejore es la formación docente, que actualmente “no existe”: “Se inscriben aproximadamente 15 mil alumnos para formación docente por año y egresan menos de 1.000. Se llegó al piso en 2018 cuando egresaron 623 personas entre magisterio y profesores de media”. 

Para lograr eso será necesario, además de formar maestros y docentes, “recurrir a gente que se jubiló y que tiene muy buena formación y que no soportó la caída libre de la educación y la falta de nivel de convivencia básico dentro de las instituciones educativas que otras autoridades deberían haber controlado”. Para graficar la situación actual, señaló que “el 52% de quienes están dando clase no tiene título habilitante”: “Eso es muy bravo, por eso la madre de todas las batallas es la formación docente”.

María Julia Muñoz “quedará en la peor de las historias de los ministros”

Por momentos, el discurso de Bianchi adquirió un mayor temperamento. Ese es el caso de cuando le tocó hablar de la gestión de María Julia Muñoz como ministra de Educación y Cultura en la segunda presidencia de Tabaré Vázquez. “El otro día yo dije que no tuvimos una ministro ni de educación ni de cultura. Ha destruido áreas del Ministerio de Educación y Cultura claves como la Dirección de Cultura. En los centros Mec en donde ahora se está haciendo una investigación administrativa”, afirmó.

 

En ese sentido, la legisladora cree que Muñoz “largó la mano en educación. No es cierto que el Ministerio de Educación en Uruguay no tenga responsabilidades en materia educativa”. Para ejemplificarlo, señaló que la exministra manejó un “grado de insensibilidad y de soberbia” nunca antes visto lo que, según ella, se comprueba con la destitución del exsubsecretario Fernando Filgueira y el exdirector de Educación Juan Pedro Mir, “dos de las personas que iban a cambiar el ADN de la educación”.

Consultada sobre algún aspecto positivo de la gestión de Muñoz, Bianchi no fue capaz de señalar ninguno: “De ella nada porque realmente lo que hizo fue hacerse bordar lentejuelas por Canela, que está muerto y por eso me cuesta mucho decirlo. La verdad que Muñoz quedará en la historia con minúscula, en la peor de las historias de los ministros. Miren que tengo 66 años, viví muchos ministerios de educación y como esto jamás”.

Talvi “se desubicó” al no señalar a Venezuela como una dictadura

Ernesto Talvi, excanciller de la República, dijo días antes de irse de la cancillería que desde su rol no le correspondía señalar a Venezuela como una dictadura en una entrevista con El Observador. Esa situación causó sorpresa en muchos dirigentes del oficialismo, incluida Bianchi. “Creo que él (por Talvi) se desubicó, creo que él piensa que es una dictadura porque sé que lo piensa por su origen político, por su capacidad. Él se desubicó en el sentido que pensó que por ser canciller no debía decirlo, pero se ubicó en contra de la posición del presidente”, afirmó.

Para la senadora, el excanciller debería haber separado su opinión personal con la postura defendida por el gobierno de que “los países tienen intereses permanentes”: “Si lo puede separar el presidente, ¡cómo no va a poder separarlo el canciller!”.

Bianchi, que piensa que Talvi no se va de la política, también es muy crítica del manejo que hizo dentro del Partido Colorado luego de haber ganado la elección interna: “Pensó que porque ganó la interna del Partido Colorado se adueñaba del partido y no se puede hacer eso con ningún partido. O sea yo que no soy colorada ni nunca hubiera votado al Partido Colorado nunca me hubiera peleado con (Julio María) Sanguinetti”.

Reinstalar la ley de caducidad: ¿sí o no?

En los primeros días de agosto, el senador por Cabildo Abierto (CA) Guido Manini Ríos presentó un proyecto de ley para derogar la ley interpretativa sobre la ley de Caducidad y dejar firme solamente la esta última. La senadora, quien votó a favor de derogar la ley de pretensión punitiva del Estado en las dos consultas populares que se hicieron para derogarla o no (1989 y 2009), manifestó que ahora no está de acuerdo con derogar la ley de caducidad, aunque sí con “revisar el papel de los organismos internacionales”.

La dirigente nacionalista sí fue clara en manifestar su molestia con la actitud de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llamando a los legisladores a abstenerse de votar el proyecto de CA. “Que la Corte Interamericana nos dijera que no podíamos votar ese tipo de cosas, ¡pero dónde estamos! Momentito los organismos internacionales, ¡nada por encima de nuestra Constitución!”, señaló con firmeza.

Por otra parte, también aseguró que “los organismos internacionales no son inocentes, tienen su perfil político claramente, depende para dónde va el viento”. Para ejemplificarló, expresó: “Nuestro representante de la Corte Interamericana, (Ricardo) Pérez Manrique, es claramente una persona del FA, todos los que trabajábamos en el ámbito judicial lo sabíamos. Pero además fue el candidato del FA a la Corte Electoral, después quedó vacante este cargo y está en la corte interamericana”.

“Yo quiero que me pidan perdón” 

Bianchi expresó en todo momento su malestar por la falta de un perdón por parte de los tupamaros que participaron en la guerrilla armada a fines de los 60 y principios de los 70. Según su versión de los hechos, es necesario “tener la historia reciente arriba de la mesa” y para ello hace falta que los tupamaros le pidan disculpas a su generación y a las generaciones posteriores (a las que según dijo, les “arruinaron la vida”).

Además, hizo énfasis en la necesidad de que “digan la verdad” quienes participaron de la guerrilla: “¿Somos víctimas de segunda los que no fuimos guerrilleros?”, se preguntó. Para ejemplificar la violencia que sufrieron personas que no estuvieron involucradas, señaló el caso del hijo de Carlos Burgueño, asesinado por los tupamaros cuando iba a conocer a su hijo recién nacido: “(Diego) Burgueño nació de noche, su padre fue a buscar el bolso de la ropa a Pando y cuando iba a ir al Pereira Rosell con el bolso lo mataron. No llegó a conocer al padre. Entonces esa familia, ¿no es víctima? ¿O son víctima de segunda?”, sentenció.

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