Por Juan Pablo Dragonetti e Ignacio Méndez

El expresidenciable Gustavo Abella levanta un tubo de teléfono fijo que tiene sobre su escritorio de la sede de Unidad Popular, en el Centro. Debajo de un gran cuadro de Artigas, está el lugar en donde trabaja para promover a Eduardo Rubio como candidato a la Intendencia de Montevideo, luego de un traspié que todavía lamenta en las elecciones nacionales. 

Abella tiene presente un número: fueron 1.500 los votos que le faltaron a la Unidad Popular para mantener la banca en Diputados. Por esta derrota, el partido no solo tiene un problema de representatividad –porque no se identifica con ningún parlamentario– sino con problemas económicos, al no recibir el sueldo de un legislador. 

Al entrar a la sede, hay un pizarrón que ofrece la porción de cazuela a $200. El partido tuvo que ingeniárselas para buscar en la solidaridad de los partidarios una forma de financiarse. 

Abella habla y por momentos su voz se mezcla con los camiones que pasan por la calle Vázquez. Pero él sigue hablando y deja claro que no tiene ningún apuro porque es la forma que encuentra de transmitir el mensaje de su partido. Y con que alguien lo escuche le basta porque para él cada voto cuenta. 

Lo siguiente es un resumen de la entrevista con Mejor Dicho

¿Cómo los ha afectado la pandemia en su relación con la opinión pública y en darse a conocer?

El problema es que cuando un partido no tiene recursos para tener grandes espacios en la televisión abierta, tiene dificultades para pagar una página, y al mismo tiempo, tiene un mensaje que entra en colisión con todo el resto del espectro político, tanto con la cúpula del Frente Amplio (FA) como de la coalición que nos gobierna.

Eso podría habernos desanimado, pero todo lo contrario. Porque nosotros creemos ser herederos de una izquierda que no es la izquierda light que hoy dirige la cúpula del FA. Hablamos de una izquierda que sufrió la clandestinidad, que fue calumniada, que nunca tuvo los grandes medios y que siempre logró abrirse paso a través de las redes populares, en la inserción, en los movimientos sociales, en las familias, en los clubes barriales. De esa izquierda somos herederos nosotros: una izquierda que la farsa del FA trató de ocultar. 

Nosotros tenemos dos adversarios: la derecha clásica que plantea honestamente su planteo que es antitético al nuestro y un FA que se disfraza de izquierda. Ahora está en la oposición, pero que en los hechos protegió la ley de riego, la entrada de las transnacionales, permitió que nos saquearan el país, que nos contaminaran, que no hubiera ferrocarril para la gente, que se pusieron de rodillas ante UPM, pero se dice de izquierda. 

A seis meses de que asumiera un nuevo Parlamento, ¿se siente identificado con alguno de los legisladores? 

Yo no puedo sentirme identificado con ningún parlamentario de los que están ahora, por más éticos y buenos que sean, por un viejo proverbio popular: dime con quién andas y te diré quién eres. A partir de ahí es que nosotros valoramos si podemos sentirnos identificados con un diputado en una cosa concreta, pero no en su programa de conjunto.

Hubo algunos diputados que hicieron pedidos a sala por UPM, ¿este tipo de planteos apoyaría?

Si hubiéramos estado ahí, hubiéramos apoyado a ese diputado sin importar de qué partido es. Más que en el diputado, pensando en el programa que lo sustenta, en su proyecto de país y todos los diputados de esta legislación tienen en el fondo un mismo proyecto de país y una de las cosas que lo ilustra es UPM. 

Está mal hecho el acuerdo. Si para los blancos fue muy servil lo que hizo el FA, tienen todo para desconocerlo y no lo hicieron. Porque en el fondo la socialdemocracia de derecha que nos gobernó y la derecha abierta que nos gobierna, tienen una cosa en común: las transnacionales nos dan de comer. 

No imaginamos otra vía que no sea abrirle el camino al capital internacional. El tema es que sobre esa base se pueden tirar con flores o tirar con piedras, pero en esencia el programa es el mismo. Por ejemplo, cuando Uruguay mandó tropas a Haití, donde hubo violaciones y aplastaron al pueblo haitiano, ¿algún legislador de los que hay ahora dijo que eso estaba mal? Nadie. Todos están de acuerdo, solo nosotros estamos en contra. Otro ejemplo, cuando la ley de riego que privatiza el agua en las cuencas y hace que se concentre la propiedad. El agua ahora se cotiza en la bolsa de valores, ¿algún partido votó en contra?

¿Qué opina sobre el manejo del gobierno de la pandemia? 

Cualquier gobierno con mediana cabeza, a menos que esté demasiado presionado por otros intereses, ante una pandemia toma las medidas lógicas a los efectos de proteger a su pueblo. En ese sentido, el gobierno hizo algunas cosas con mucho tino. 

Pero al mismo tiempo, por ejemplo, uno de los puntos vulnerables son los camioneros que entran de Brasil por Rivera. ¿Por qué ingresan? Porque durante el FA desaparecieron 15 mil pequeños productores de Canelones, porque la tierra que nos daba de comer pasó del 80% al 12% bajo el gobierno del FA. Y de ese 12%, el 33% es soja transgénica. ¿Cómo no vamos a necesitar a los camioneros? Si tuviéramos seguridad alimentaria los mismos camioncitos humildes que vienen a la feria serían los que nos darían de comer, pero necesitamos ese flujo exterior porque hemos entregado nuestra tierra a las transnacionales.

De la misma manera, con el “quedate en casa”. La Unidad Popular presentó hace cinco años un proyecto de plan nacional de vivienda, financiable con productos nacionales y no se votó. El “quedate en casa” habría funcionado mucho mejor.

¿Se tendría que haber decretado la cuarentena obligatoria?

La recomendación de no salir es racional, para nosotros los veteranos y la gente que tiene alguna situación de riesgo. Y es racional cómo lo hace el gobierno que no la hace obligatoria porque en las condiciones uruguayas no tiene por qué ser obligatoria. El problema es que me puedo quedar en casa si tengo casa. Si se niega un plan nacional de vivienda después que no se diga “quedate en casa” porque ¿para quién es ese mensaje? Para los que tienen casa y no viven hacinados en una pensión ruinosa donde una sábana separa tu dormitorio del dormitorio de la otra familia. 

¿Qué opinión tomó la Unidad Popular sobre la Ley de Urgente Consideración?

Nosotros en principio estamos en contra de la ley de urgente consideración por varias razones. Nosotros entendemos que la estrategia hacia la delincuencia está equivocada. En segundo lugar, pensamos que esta ley mete de contrabando un montón de cosas peligrosas como la restricción de las áreas protegidas y había una serie de medidas neoliberales que se trataron de meter de un tirón. 

Esa ley es nefasta en todo sentido. Y la urgente consideración, en el espíritu de la ley, está pensado ante una emergencia una resolución de un determinado ítem, pero no para 500 artículos. Eso es una locura porque eso es antidemocrático, es impedir el debate. 

Siempre hay negociaciones y el Frente Amplio manejó bien las negociaciones, pero esas negociaciones las con la misma preocupación: la igualdad de género, la no discriminación. Pero en el tema de la propiedad de los medios de producción -es decir, las transnacionales que nos saquean, los grandes latifundios- no dijeron una palabra. La ley de urgencia se consolida y profundiza un modelo neoliberal.

La pandemia tuvo consecuencias en el empleo. ¿Qué medidas concretas cree que deben tomar para reactivarlo?

Si tuviéramos un frigorífico nacional, precios testigos, agricultura del Estado; si se hubiera dado prioridad a puestos de ventas de frutas y verduras, si se hubiera hecho un proyecto de remunicipalización del transporte departamental, no tendríamos esta angustia que tienen los corporativistas que no saben adónde van a ir a parar. 

Una organización más seria del Estado podría aliviar los impactos peores de una pandemia en condiciones de neoliberalismo, donde hay un montón de cuentapropistas que no tienen a dónde acudir y el Estado se endeuda más para tirarles de a puchitos y que no mueran de hambre. Pero no hay una planificación del Estado porque el Estado no manda, ni gobierna.

Usted había manifestado en octubre que el país vivía una situación económica bastante complicada, pero con la pandemia eso se agudizó. ¿Las propuestas económicas del gobierno pueden mejorar la situación?

No. Con esta propuesta vamos a tener más endeudamiento y más venta del país. Se está planeando la cuarta pastera en Yaguarón. Vamos a estar tapados de árboles, la ley de riego nos va a privatizar el agua, nos van a envenenar el agua, van a destruir el Rio Negro. Con estos proyectos lo único que hay es miseria. Valdría la pena ver lo que pasó en otros países donde las transnacionales prometieron tanto como acá y en qué terminaron. 

De todos modos, nosotros creemos que todavía tenemos suficiente tierra fértil, capacidad laboral e intelectual para pensar en un país distinto. Nosotros no planteamos un país socialista todavía. No porque no lo queramos, sino porque no tenemos fuerza para eso. Planteamos un país que sea más soberano, que rompa las amarras con las transnacionales, que negocie con ellas de igual a igual y, fundamentalmente, que en el plano militar, económico y agrario tengamos una mayor soberanía. 

Desde luego una educación totalmente diferente como supimos tenerla y ser un ejemplo de América. No como ahora, que los últimos resultados de las pruebas Pisa demuestran cómo hemos caído.

¿Qué análisis de la votación de Unidad Popular en las últimas elecciones nacionales?

Fue un revés importante. Para mí, que era el vocero, fue un golpe muy fuerte. Hoy, sin desconocer que tuvimos errores en el planteo, pensamos que hubo condiciones subjetivas que en ese momento nos superaron. 

En primer lugar, el oportunismo. La gente que se disfraza de una cosa y luego no lo es. Nos antepuso un candidato como (Oscar) Andrade, que tenía mucha más credibilidad que la que había tenido Constanza Moreira la vez anterior. Lo armó Canal 4, le permitió participar en un ámbito de polémica, tuvo el debate con (Ernesto) Talvi, después lo metió en un hotel de lujo en Punta Del Este como revelación de la televisión. Pusieron eso contra nosotros. Y ahí hubo un acuerdo interpartidario para que nosotros no figuráramos.

En segundo lugar, aparecieron los falsos profetas que la gente les creyó, como el Partido Ecologista Radical e Intransigente (PERI). 

Por otro lado, hubo una especie de alarma ante la irrupción de (Guido) Manini Ríos, y mucha gente que nos iba a votar dijo: “Prefiero consolidar el triunfo del FA porque se nos viene el fascismo”, entonces también se jugó con el miedo. Uno llegaba a Bella Unión y en todos los asentamientos había banderitas de Manini Ríos. El fascismo es un fenómeno que hay que estudiar en profundidad. Ya en los años 30 se lo definía como “la dictadura terrorista del capital financiero con fachada demagógica”. La fachada demagógica de Manini es el artiguismo, o mejor dicho, falso artiguismo.

¿Usted cree que Manini hace peligrar a la coalición de gobierno por cómo se ha manifestado, por ejemplo, ante la ley de Caducidad?

Por ahora creo que no. Manini es una carta en la manga que tiene el imperialismo a los efectos de que si se desborda una eventual situación de hambre a los neoliberales clásicos queda la mano dura para enfrentar eso. Pero hoy, es una carta de recambio. Al imperialismo le sirve mucho más la derecha tradicional o incluso la socialdemocracia de la cúpula del FA que frena al PIT-CNT para que no tome medidas de fondo que el fascismo abierto. En este momento, Manini no hace peligrar la coalición.

Cuando pierden la banca en diputados, pierden también una fuente del financiamiento del partido. ¿Cómo se las han ingeniado para financiarse?

Ese ingreso no enseñó que inmoral es el sueldo de los senadores. Nosotros con un diputado habíamos resuelto desde la propaganda impresa hasta el alquiler de este local en el Centro. Cuando perdimos la banca, salimos a pedir solidaridad a compañeros. 

Por otra parte, por ese mecanismo absurdo que tienen las elecciones en Uruguay, a los partidos se les paga por votos. Entonces podemos adelantar una solicitud de préstamo por los votos que tuvimos en las departamentales. 

A nivel económico, se podría decir que somos rojos y estamos en rosado casi rojo. Pero la vida de la izquierda de verdad, no de (Danilo) Astori, siempre fue esto. Siempre fue sobrevivir, insertarse en el movimiento social y sembrar conciencia.

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