Por Agustín Herrero y Pedro Tristant

El exsubsecretario de Salud Pública Jorge Quian destaca la buena gestión que está haciendo el gobierno en la emergencia sanitaria del coronavirus, pero critica algunas “chicanas” que las autoridades actuales tienen para “diferenciarse de la administración anterior”. Tampoco le gustaron las declaraciones de los jerarcas de Salud que decía que los kits de diagnóstico de coronavirus que había el gobierno del Frente Amplio (FA) no eran suficientes. “Tener 100 era tener muchos, pero obviamente no alcanzaba”, subraya y dice que no hace “ninguna autocrítica” en ese sentido. 

Quian admite que el Ministerio de Salud Pública (MSP) anterior solo tomó una medida para combatir el virus en caso de que llegara: preparar una sala de aislamiento en el Hospital Policial, que no se llegó a utilizar. Es que las preocupaciones de la cartera en ese momento eran el sarampión y el dengue, y no la pandemia que comenzaba a explotar en China. 

El pediatra elogia el Sistema Nacional Integrado de Salud, creado durante el primer gobierno del FA, que está “preparado para combatir el virus”. Sin embargo, lamenta que este sistema de salud tiene carencias en la atención y que no logró ser tan “integrado” como quisiera. 

En estos meses de pandemia, ¿cómo evalúa la gestión del gobierno?

Ha sido muy buena. Desde que aparecieron los primeros casos tomaron medidas adecuadas. Prácticamente no tengo ninguna crítica para hacerles, me parece que todo lo han hecho bien. Espero que los resultados nos acompañen. 

Creo también que, si bien el gobierno ha hecho la cosa bien, había una estructura que permitió que la gente no fuera a los hospitales. Soy muy crítico de cómo funcionan las emergencias móviles en el país: las grandes ciudades tienen una emergencia móvil y Montevideo tiene cinco o seis. Pero en este caso sirvieron para contener en domicilio y evitar que la gente se amontonara en la puerta de los hospitales cuando estaba enferma. 

El otro factor que creo que también es importante es la baja densidad de población que tenemos. La pandemia ha hecho estragos en las grandes ciudades –como Nueva York, Madrid y Buenos Aires–, en las que hay una gran concentración. Nosotros somos en ese sentido afortunados. 

Una de las primeras discusiones que hubo fue la de si decretar o no la cuarentena obligatoria. ¿Cree que se tendría que haber decretado?

No. A la vista está que con las medidas que se tomaron fue suficiente. Comparto también con el gobierno –a pesar que yo no soy integrante del equipo multicolor, más bien soy frenteamplista– que las cosas que se hacen obligadas nunca dan tanto resultado como las cosas que se hacen por voluntad y por compromiso, que fue lo que sucedió. 

Recién decía que prácticamente no tiene críticas, ¿pero hay algo que sí critique? 

De las críticas que hago es que al principio ́ de la pandemia y cuando se empezaron a preocupar las autoridades sanitarias uruguayas por lo que pasaba, empezaron a decir que no había hisopos suficientes, que no había tests suficientes. No los había en el mundo, que no estaba preparado para esta pandemia. Y Uruguay no estaba preparado para esta pandemia. Es más, nosotros estábamos preocupados por dos temas sanitarios que eran el sarampión, un problema que tiene el mundo, y el dengue, que estaba alrededor del Uruguay. No estábamos preocupados por esto. Se utilizaron argumentos falsos, como decir que no se habían conseguido hisopos o reactivos porque no estábamos seguros de la pandemia… Cuando en el mundo apareció la pandemia, todos los países quisieron comprar hisopos o reactivos. Pero son cosas chicas.

En ese momento se pensaba en el dengue y el sarampión, ¿se subestimó el virus? 

Pienso que lo que pasó fue que no se conocía el virus, como un virus nuevo que aparece afectando el ser humano. No teníamos experiencia previa. No sé si se subestimó o no, pero no teníamos conocimientos previos. Íbamos aprendiendo sobre la marcha. 

Cuando en febrero dijo que estaba preocupado por el sarampión y por el dengue, también dijo que se estaban tomando medidas contra el coronavirus. ¿Qué medidas se tomaron antes de dejar el gobierno y cuánto ayudaron al éxito de hoy? 

No creo que sea de la administración nada del éxito de esta. La única medida que habíamos tomado en el ministerio era tener una sala de aislamiento por si caía alguna persona del extranjero, o algún uruguayo que estuviera en el extranjero, que necesitara aislamiento, teníamos un sector en el Hospital Policial, que no se llegó a utilizar. 

¿Y se destinó más dinero al combate contra el coronavirus? 

No. Lo que se hizo cuando yo no estaba –yo estuve de licencia en febrero– fueron reuniones con los prestadores para plantear el posible problema que podíamos tener y para plantear las primeras medidas que podíamos tomar sobre el aislamiento. Pero modificaciones en el presupuesto no se hicieron. 

El ministro Daniel Salinas dijo que el gobierno anterior “perdió el tiempo” respecto a un plan de contingencia y de medidas preventivas. ¿Qué responde? 

No creo que sea así. Si bien digo que el gobierno tuvo éxito en las medidas sanitarias que tomó, esas son chicanas. Nosotros estuvimos reunidos con el ministro días antes y no se habló de este tema y no era un tema que preocupara. Son de las pequeñas chicanas y me refiero a eso cuando digo que manejaron bien la pandemia, pero que algunas cosas tenían que decir para diferenciarse de la administración anterior. 

¿En las reuniones de transición no se tocó el tema coronavirus? 

Reuniones de transición hubo una sola, que fue en enero, con él, con el subsecretario y con quien iba a ser el director general de Secretaría. Después hubo reuniones con otros participantes, por ejemplo, la directora general de Coordinación, Karina Rando, y después otras reuniones que tuvieron el director general de Secretaría nuestro, con el director general de Secretaría de ellos. 

Yo nunca tuve una reunión con el subsecretario. Tuvimos una reunión en conjunto, pero personal no. No la pidieron. 

¿Le hubiera gustado haberla tenido? 

A mí ni me gustaba ni me disgustaba. Me parecía que por responsabilidad la teníamos que tener, pero la tenían que pedir ellos. 

En la reunión en conjunto, ¿de qué se habló?

De todo lo que había en la transición, de todas las actividades que tiene el Ministerio de Salud, en qué estábamos. Se les entregó un material escrito.

En esa reunión prácticamente el problema del coronavirus no existía en el mundo. Había en China y algún caso en Japón, pero no era un problema. El problema era el trabajo médico, de enfermería, todo lo que concierne a un ministerio de salud. Y transmitimos nuestra preocupación por sarampión y por dengue, lo que en realidad nos preocupaba en ese momento. 

Respecto al sistema de salud que quedó, ¿se pudo haber hecho algo para dejarlo más preparado para el combate al virus? 

La muestra fue que el sistema de salud estaba preparado para combatir el virus. En 2007 se hizo el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), que tiene fundamentalmente tres patas: una nueva manera de financiar, de gestionar y de atender. En realidad, en lo que se avanzó mucho fue en la financiación y algo de la gestión. Todavía nos falta a mi criterio mejorar parte de la atención. Pero desde que está el SNIS se invirtió en ASSE (la Asociación de Servicios de Salud del Estado) más que lo que se había invertido en muchos años antes, se modificó totalmente la estructura y eso significó un avance importante para estar preparado para esta pandemia. 

¿Se podrían haber hecho cosas mejores? Por supuesto. Siempre se puede mejorar. En la salud nunca llegaste al final en tu manera de atender los problemas, pero se avanzó muchísimo en estos años. 

Antes del SNIS, a una persona que se atendía en el sistema mutual, se le dedicaban $7 para cuidar su salud; y a los que se atendían en el sistema de salud pública, $1. Esa diferencia se acortó muchísimo. Todavía no llegamos a invertir lo mismo en el que se atiende en ASSE que el que se atiende en el sistema mutual, pero se acordó de $7 a $5 o de $7 a $6. Hubo que invertir mucho dinero para hacer las modificaciones. 

Este gobierno, que vuelvo a decir que hizo muy bien las cosas, pudo hacerlas bien porque tenía una buena base donde sustentarse. 

Desde el MSP tenían claro que si el virus entraba, iba a entrar por Carrasco. ¿Qué medidas se tomaron para enfrentar esa situación? 

No sé por qué se tenía tan claro que iba a ser por el aeropuerto de Carrasco porque podía ser por cualquier lugar. Podía venir un ciudadano argentino, que había estado en Europa días antes. Puede entrar por la carretera, por los puentes internacionales. Pero era una posibilidad. 

El primer caso, que está relacionado con esa famosa fiesta en Carrasco, la persona que vino con el virus entró al Uruguay y las medidas se fueron tomando progresivamente en la medida que se empezó a tener muchos hisopos y reactivos. Pero ningún país del mundo se salvó de esta pandemia. De alguna manera, el virus iba a llegar. 

Pero en la administración anterior, ¿no se tomó ninguna medida?

Ninguna. 

Por esto mismo que no se preveía… 

No preveíamos la importancia que podía tener. 

Y si se hubiera tomado alguna medida, ¿el ingreso o la llegada del virus se habría postergado?

Creo que no. La historia del mundo fue que no se postergó en ningún lado. En Nueva Zelanda, que es una isla y se cerró, el virus llegó a pesar de eso. Se llegó a descontrolar el virus y cuando dijeron que estaba libre de coronavirus, replicó el virus. 

En este mundo globalizado es imposible. Cuando aparece una peste de esta, es prácticamente imposible poder evitar que alguien se contagie. 

Pero los primeros casos entraron por Carrasco, parece lógico que si hubiera controles, se habría postergado esos primeros casos. 

Se hubieran controlado, pero a los 20 días iban a aparecer otros por la frontera terrestre. Uruguay no es una isla, por lo tanto no se puede cerrar. Tiene fronteras terrestres que son fácilmente violables. Tardaría 10 días más o 10 días menos, pero era imposible de evitar. 

¿Como máximo se hubiera postergado 10 días? 

No sé. Dije 10 días por decir un número. Pero que iba a aparecer, iba a aparecer.

Otro de los que se tocó en la transición fue el corralito mutual. El actual MSP pretende que se pase a un mecanismo continuo de traspasos. ¿Qué opina sobre el proyecto?

No lo conozco en profundidad. El problema es darle sustentabilidad al sistema. Uno de los problemas que existían antes de que se instalara el corralito mutual –que se instaló en el gobierno de (Jorge) Batlle– era que se cerraban mutualistas y quedaba gente sin trabajo y sin atención. 

Lo que se intentó hacer es que la gente no se cambiara globalmente de una mutualista a otra para evitar que algunas se cayeran, porque además se cambiaban por plata. El corralito fue una solución parcial. Lo ideal sería que no hubiera corralito, que la gente se cambiara cuando quisiera.

Salió en Búsqueda la semana pasada que hay cuatro mutualistas que están en problemas: Casmu, Casa de Galicia, Comett (Treinta y Tres) y Compta (Tacuarembó). Si eso sale en el diario, la gente se va. 

Uno de los problemas que tiene el SNIS es que no está integrado.  Somos tres millones y medio de habitantes y hay 45 instituciones de asistencia médica. Es un disparate. Algunas de las cosas que hemos tratado de hacer es impedir que aparezcan nuevas. 

Antes decía que hay algunas cuestiones sanitarias de las que sí hacen autocrítica. ¿Cuáles son?
Esto que te decía. Es uno de los temas. En Salto hace 15 años había tres CTI (Centro de Terapia Intensiva) de niños. Cuando empezamos la última administración había uno solo, se habían fundido dos y el Centro Médico Quirúrgico de Salto vino a pedir autorización para poner un nuevo CTI. Le dijimos que no. En este momento en Salto hay un CTI de niños que atiende a Salto, Artigas y parte de Rivera. Y atiende público y privado: eso es integración. Los niños, tanto hijos de estancieros como de trabajadores domésticos, se atienden todos en ese CTI con muy buena calidad y el CTI está en ASSE. Eso es lo que te quiero decir cuando (digo que) nos falta integración. En Montevideo tiene que haber una emergencia móvil, tenemos seis. Eso crea trabajo médico innecesario. En Uruguay tenemos una excelente relación de cantidad de médicos por habitantes, pero en el norte del Río Negro esa relación baja muchísimo y la concentración que hay en Montevideo, Canelones y Maldonado es altísima. 

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