Por Joaquin Pisa y Diego Domínguez

El living de Cristina Morán está repleto de cuadros, pinturas y reconocimientos que decoran una antigua casa, que era de sus padres. Los ladridos de su perra le dan la bienvenida a todo aquel que llega sin importar quien sea y, aunque le causa gracia por un rato, termina siendo una distracción que la ocupa durante la entrevista porque, como advierte, “una vez que la tocás, no te deja parar de acariciarla”.

Su agenda, ancha y toda rayada como las de antes, está más repleta que la de un presidente. “Mañana me pasan a buscar 9:30 para ensayar y a las 10 tengo que llegar porque me llaman de una radio de Durazno”, comenta y se sorprende al revisar que a las 14 horas también tiene programado un encuentro en el espacio de Sergio Puglia. 

Morán empezó a conducir un nuevo programa en Canal 4. Nada mal para alguien de 90 años, ¿no? Pero el dato sorprende más aún cuando comenta al pasar que grabó ocho episodios en cinco días.

Por si fuera poco, en su estreno estuvo con tres de los cuatro expresidentes vivos que tiene Uruguay: José Mujica, Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle. Quizás por esa razón asegura que no tiene otro modelo a seguir más que a ella misma trabajando. 

Sin ningún amuleto de la suerte que la acompañe, la artista confiesa que aceptó hacer ese primer programa con una condición que finalmente no se cumplió: “Los cuatro o nadie”, había avisado a la gerencia del canal. Sin embargo, reconoce que, de igual modo, sintió que se hizo historia porque “no es común que alguien pueda reunir a tres expresidentes tan distintos en su pensamiento político y social”.

“(José) Mujica me dijo algo que me dejó muy feliz: ‘Vine por usted, por lo que usted representa’. Lo mismo cuando le pregunté por los valores de la democracia y dijo ‘esto’, refiriéndose al programa”, destaca, y agrega que no conocía personalmente al senador y expresidente.

La charla sigue y a un par de kilómetros de distancia Nacional se juega la punta del Campeonato Uruguayo contra Boston River. Mientras tanto, Morán se refiere a los dichos de Alberto Sonsol, quien en un debate con Patricia Madrid comentó que la lucha de las mujeres parte de “un complejo de inferioridad”.

“Yo no lo escuché, pero además no lo puedo llamar por teléfono porque no lo tengo. Nosotros no tenemos complejo de inferioridad. ¿¡Cómo vamos a tener si parimos!? Si estás acá, Sonsol, gracias a que te parió una mujer, ¡cómo no vas a tener complejo de inferioridad! No sé qué le contestó Patricia, pero yo le estoy respondiendo. Ustedes, los varones, pretenden desde siempre hacernos sentir inferiores”, remata.

Morán es de esas mujeres que se guardan poco las palabras. Por eso, si tiene que cuestionar públicamente al relator oficial del fútbol uruguayo, lo hace sin problemas, y si tiene enfrente al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Lema, tampoco le tiembla el pulso. Bastó una libreta con apuntes y una simple pregunta —¿qué entiende por expresiones hirientes?— para que le recriminara su interrupción a la diputada Verónica Mato, quien, a juicio del legislador, se excedió en las alusiones políticas que hizo.

Acompañada de su perra, Morán no tarda demasiados segundos en soltar su secreto para tener un pensamiento “más abierto” que el de la mayoría de las personas de su edad: “Es de uno. Es de la voluntad y la cabeza”, explica.

Gloria televisiva

En la época que había una sola cámara para grabar todos los programas de Canal 10 —incluido el informativo— condujo los dos programas que más la marcaron en su vida: Esta es su vida y La noche de los jueves. 

El primero reconstruía, mediante testimonios, el perfil de una persona, mientras que el otro reunía a personajes del arte y salía sobre las 10 de la noche. “En el 56 andaba recorriendo América un sacerdote que le decían padre Pedro Arrupe. Estaba hablando por el mundo de las consecuencias de Hiroshima y Nagasaki. Era maravilloso escucharlo. (…) Un misionero español en Japón era él. Y una noche yo tenía arreglada la participación de Tita Merello en mi programa, pero el padre estaba y se iba. Lo tenía que tener, no había grabación, no había nada. A mí me gusta mucho la mezcla de gente, que no tienen nada que ver, pero cuando se unen en el habla empiezan a aflorar las cosas en común, y eso pasó. Fue un programa hermoso, nunca lo olvidaré. Es importantísimo mezclar. Los políticos tendrían que mezclarse un poco más, mezclar sus ideas y no darse codazos”, dice.

¿Siente que hay un debe en la participación femenina en la televisión?

Siempre va a haber. No hay una mujer que esté en la directiva de un canal de televisión. No hay una mujer que lo dirija. Había una gerenta de programación en Canal 12 y no está más, y creo que hay una gerenta de programación en Canal 10. Pero en el manejo de la empresa no hay ninguna mujer.

¿Cuál es el reconocimiento que más la satisface?

Dame esa señora que está ahí, de cuero (señala). Me siento muy orgullosa de esto. La Unidad Reguladora de Medios de Comunicación (URSEC) creó el año pasado un premio llamado Cristina Morán. Como todo se estiró por este tema de la pandemia, hace un mes que se procedió a su entrega. (…) Todos los años está referido a la mujer. Lo amo, es muy lindo y es muy nuevo. No voy a estar en el mundo, pero mi nombre va a estar en ese premio y eso me hace muy feliz porque todos los años van a participar por él, no se van a salvar de mí.

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Cristina Morán junto a su estatuilla “Cristina Morán” que será entregada por la URSEC todos los años / D. Domínguez, J. Pisa

90 años y viene de arrancar un nuevo programa, y formar parte de Alelí, que hoy está en Netflix. Hizo radio, televisión, trabajó en diarios, teatros, cine, streaming. ¿Le falta hacer algo después de tantos años?

Yo pienso que sí, que siempre falta hacer algo. No sé qué, pero algo va a aparecer que voy a tener que hacerlo. (…) Si lo vemos enumerándolo como tú decís, artísticamente no. Pero yo soy una mujer que quiere aprender siempre. 

¿Tiene algún debe personal?

Siempre hay debes. Debo tenerlos, pero son míos.

Pero prácticamente no le falta hacer nada.

Me falta seguir viviendo, amando a la vida, a la gente, seguir amando mi trabajo, y tener salud para poder seguir en esto.

¿En algún momento se planteó parar?

En 1995 me jubilé. Dije “me voy, llegó el momento”. Tenía 58 años nada más, pero vi el ambiente enrarecido y dije “me voy” antes de que me digan ‘andate’. No sé si iba a llegar ese momento, pero a Seguro se lo llevaron preso y nunca más lo soltaron. 

Pero nunca desaparecí. Siempre algo hacía, porque me invitaban o estaba en calidad de actriz. Cuando intenté parar no pude. Además, no podés decir “no” a lo que amás. ¿Cómo podés decir que no a lo que le dedicaste la vida?

Capaz que otra persona la piensa a la inversa y le dice ¿cómo puede tener la agenda tan llena a los 90 años?

Yo qué sé. Lo qué se es que es maravilloso (risas).

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