Por Agustín Herrero y Pedro Tristant

“Barrio de mierda este, que le pusieron Zona Diseño. ¡Giles! Zona Diseño se llaman. ¡Palomas! ¡Palomas!”. En la radio se escucha de fondo la canción La Perla de Claudio Rojo y el comentario –o el chiste– de Diego González es para un oyente del barrio Palermo, que llamó y en una competencia entre los conductores de La Mesa de los Galanes eligió a Rafael Cotelo y no a él. 

Los dos conductores juegan en DJ versus DJ y eligen canciones para que luego la audiencia vote un ganador. Cuando tiene que pasar un tema relacionado a Diego Maradona, González elige End of the line (El final de la línea), de The Traveling Wilbury. “Ah, dale, dale, dale. ¡Chistes con adicciones!”, comenta Cotelo mientras sus compañeros se ríen. 

Desde 2017 González es uno de los conductores de La Mesa de los Galanes en Del Sol FM, un espacio de entretenimiento y humorístico que es la continuidad de Segunda Pelota, que hasta 2016 transmitió Océano Fm. González, Cotelo, Jorge Piñeyrúa, Camilo Fernández y Pablo Fabregat hacen, durante tres horas, un programa que simula ser una charla entre amigos. 

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Diego González mira serio a cámara y habla sobre las grandes manifestaciones que hubo en el año en Estados Unidos, en América Latina, en Europa. Desde la pantalla de Tv Ciudad, el conductor presenta una entrevista a Noam Chomsky, el lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense. Black Lives Matter, feministas en Chile y los chalecos amarillos de Francia fueron parte del repertorio que presentó el reconocido intelectual de izquierda. 

“El mundo según Chomsky” es el gráfico de La Letra Chica, la gran apuesta del canal de la Intendencia de Montevideo para este 2020, que González define como un “programa de izquierda”. Desde julio y hasta octubre, de lunes a viernes, el programa trató temas de actualidad, pero en “profundidad” y el comunicador, que en televisión condujo programas de viajes, de entretenimiento y un reality show, muestra un perfil más periodístico. 

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Hay un Diego González en La Mesa de los Galanes y otro en La Letra Chica. ¿Son personajes que construye? 

Puede ser, pero también había otro Diego González en Master Chef, otro en los programas de viajes. La esencia es la misma y eso es lo que se valora. Yo no hago de, me ubico básicamente. No puedo ser el mismo Diego González en La Mesa de los Galanes que en La Letra Chica porque son dos lugares distintos. Si uno respeta la esencia, lo que transmite es honestidad. No me estoy haciendo en un lugar el periodista y en el otro me hago tal cosa. Soy el mismo que acepto y entiendo que son dos lugares que tengo que comunicar de manera diferente. 

O sea, la diferencia es ubicarse. 

Sí, creo que eso te lo da el laburo. Una de las cosas que aprendés trabajando en la calle, que para mí debería ser obligatorio, es a ubicarte. Vos no podés preguntarle igual a un ministro, que a una persona desconocida en la calle. Esa adaptación te va marcando un estilo, que tiene que ser honesto. No podés disfrazarte cada vez que vas a hacer una nota de algo que no sos. Este año cumplo 21 años de trabajo y si hubiera tenido que actuar diferente, no lo habría resistido. Siempre tiro esa de que me pagan por hacer de mí y es re fácil. A mí me sale re fácil. Es una linda manera de afrontar el laburo. 

¿Cuál de esos roles disfruta más?

Todos, porque ninguno me cuesta mucho. Ninguno me implica un sacrificio de postura, o de tratar de ser algo que no soy. Un pregunta muy clásica que te hacés cuando empezás a trabajar es qué te gusta más: ¿la radio o la tele? A mí me gustan los proyectos y la gente con la que me toca compartirlo. Eso es lo que hace a un laburo bueno o malo. El resto es lo que vos sabés hacer. No deja de ser trabajo, pero lo que empezás a disfrutar es la buena onda de la gente. 

Hay un perfil más periodístico en La Letra Chica

Sí, porque lo obliga el programa. 

¿Le gustaría seguir en ese perfil?

Yo que sé. He hecho tanta cosa… En todas las cosas que he hecho, y creo que por un tema de edad o de necesidad, siempre la pasé bien. Esto que hacemos en La Letra Chica está bueno, yo lo disfruto mucho. En televisión me pasó pocas veces de sentir que un producto televisivo pasa la pantalla con una intención más que solamente lo que ofrecés como entretenimiento. Me había pasado con Master Chef, que se generó un cambio afuera de la pantalla, pasó a ser algo social. Hubo una revalorización de la televisión abierta, la gente empezó a tratar a la gastronomía de otra manera, se crearon personajes que hacía años no se creaban en la televisión. 

¿Y en La Letra Chica?

Lo mismo. En los primeros programas la gente decía: “Uh, qué bueno, no gritan”. No es un mérito no gritar. O: “Che, qué bueno, hacen una pregunta y escuchan al que la contesta”. O: “Traen gente que sabe para hablar de los temas”. De alguna manera, se cubrió una necesidad que tenía el público. Eso generó que un programa muy humilde, en una pantalla recontra humilde, en televisión pública, terminara siendo levantado por diarios, comentado por la gente, con mucho flujo de redes, que no es natural. 

Hay una inversión para eso. 

Cualquier canal que apuesta a hacer un programa periodístico en vivo de lunes a viernes hace una inversión. Pero sí, tuvieron el buen ojo del momento: había gente que tenía necesidad de que trascendiera un noticiero, de algo que les permitiera opinar de temas con profundidad. ¡Valoraban que lleváramos sociólogos y filósofos! En mis sueños más locos no se me hubiera ocurrido. 

Diego González dice que La Letra Chica es un “programa de izquierda” en donde se opina de temas “desde un lugar” que, consideran, está bien. “Yo soy de izquierda, pero no soy frenteamplista”, aclaró el conductor.

Durante cuatro temporadas, Diego González condujo MasterChef, uno de los programas más exitosos de la televisión uruguaya. Pero en 2020, dice, el canal no tenía para pagarle el sueldo porque “tenía que achicar” por la crisis del coronavirus. 

“Yo les dije que mi intención era que el programa siguiera y no quería ser una traba para que no hubiera otro MasterChef, que estaba buenísimo”, aclara. 

El conductor no era un empleado sino contratado, y, entonces, no le correspondía un despido. Por unos meses siguió cobrando el sueldo como una “gentileza” del canal en el que trabajaba desde 2008. 

“Fue eso: el término de un contrato”, resume González. 

González venía de 12 años de mucha exposición con programas en el prime time de la televisión uruguaya. Cuando le ofrecieron pasar a Tv Ciudad esperaba “relax” y “pasar desapercibido”, algo que no le ocurrió. 

“Buscaba lateralidad. Como era un programa de actualidad, les dije que sí. Y la primera semana me arrepentí”, comenta. 

Para González, La Letra Chica fue su vuelta a la televisión en vivo y a trabajar de noche, pero el cambio más drástico en su rutina fue que dejó de cocinar, un hábito que antes de comenzar en el programa de Tv Ciudad cumplía todos los días. 

Previo al estreno del programa, el conductor solía estar al tanto de los temas de la actualidad nacional, pero en el periodístico que conduce requiere de un esfuerzo aún mayor: en cada programa eligen un tema para tratar con profundidad. 

En la semana anterior a las emisiones, la producción de La Letra Chica decide los temas y se encarga de buscar los materiales, que luego los conductores reciben “desmenuzados”.  

“Disfruto de mirar los noticieros. No soy consumidor de diarios, pero sí de portales. Consumo mucha más televisión. Capaz que dejaba la actualidad política de lado, pero siempre me gustó estar informado sobre lo social, con cosas que interesaran a la mayoría”, cuenta. 

La Letra Chica terminó en octubre con una de las etapas del programa y en noviembre comenzará con su último mes al aire. De emitirse de lunes a viernes pasará a salir los martes y jueves, y ya no estará la conductora Ana Matyszczyk. Hasta el 3 de diciembre –el último día– González y Ricardo Piñeyrúa serán los presentadores. 

Todavía no hay certeza de si continuará o no el programa en 2021.

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Diego González es uno de los conductores de La Mesa de los Galanes, en Del Sol FM

En una entrevista en El Observador dijo que hay temas en los que no marca opinión, pero hay temas sociales que sí le interesan. ¿Cuáles son?

Cualquier cosa que a mí me parezca injusta, o que se podría hacer mejor, o que considero un error. Nunca le tuve miedo a opinar. 

¿Pero qué temas?

Desaparecidos, menores, feminismo. Sobre cualquier cosa que crea que afecta a la sociedad y que vulnere a alguien que necesita que como sociedad lo protejamos voy a opinar. Me parece que sería cobarde con la posición que yo tengo y con la amplificación que tiene mi voz, que es algo que yo no busqué, pero la tengo, y la tengo que usar correctamente. Y la forma que tengo de usarla correctamente es opinando, marcando posición. Nunca me afectó al trabajo. Hay gente que tiene esa cosa de que te pueden echar. Y bueno loco, y si te echan, te echan. Y te conseguís otro trabajo. Nadie se muere porque lo echen. 

Para pensar que “si te echan, te echan” hay que tener cierto respaldo. 

Sí, pero no todo es plata. Yo sé que no me voy hacer rico trabajando. Yo tengo un sueldo.

Capaz que a alguien que lo echan no tiene para el mes siguiente. 

Seguramente. Depende de cuál sea la posición del trabajo en tu vida. Para mí no está en las primeras 10 prioridades de mi vida. Trabajo simplemente para pagarme las cuentas. Si pudiera no trabajar, no trabajaba más. Disfruto mi trabajo, pero lo hago porque me pagan. Si tengo que ir a trabajar de otra cosa, como lo hice toda mi vida, lo voy a hacer. Pero estar trabajando pendiente de no decir cosas porque me van a echar, me parece re injusto. Trabajaré en otro lado y seguiré diciendo lo que yo pienso. Si en un trabajo de comunicación te autocensurás porque pensás que por lo que vos digas te van a echar, capaz que elegiste una profesión equivocada. 

***

– Ustedes los frenteamplistas están muy sensibles. Lo entiendo –lanzó el diputado del Partido Nacional Gonzalo Mujica cuando fue invitado a uno de los programas

– ¿Cómo los frenteamplistas nosotros? –le respondió la conductora Ana Matyszczyk.

– Ustedes están muy sensibles y lo entiendo –retrucó el nacionalista.  

– Ustedes los frenteamplistas no. Cómo va a estar diciendo eso –insistió la periodista –Está equivocado en eso que dice. 

– ¿No son? Bueno, disculpen entonces. No son frenteamplistas. Disculpen por haber pensado que era así. 

El cruce se dio en el programa del 14 de setiembre y es solo un ejemplo de las polémicas relacionadas al canal de la Intendencia de Montevideo –gobernada hace 30 años por el Frente Amplio (FA) –, que se sucedían periódicamente. 

El edil nacionalista Diego Rodríguez comentó que La Letra Chica es un programa “al servicio del FA”, hizo pedidos de informes para conocer cuánto dinero se destinó a la emisión, y luego lo comparó con el programa 6-7-8, que la Televisión Pública argentina transmitió durante los gobiernos kirchneristas. 

¿Qué le responde? 

Se ve que nunca vio el 6-7-8 ese. Era una poronga el canal, realmente. Nuestra matriz televisiva de los viernes es un programa que se llama Sobredosis de TV. Lo de que “está al servicio del FA” me parece una tontería.

González cree que los dirigentes nacionalistas “están haciendo su trabajo”, pero considera que lo hacen “mal” porque buscan un “enemigo” para que “la gente se enoje”. “Desde un lugar público vos tenés que tratar de hacer las cosas desde el amor, desde el cariño, desde lo constructivo”, explica. 

En La Letra Chica la producción ha invitado a políticos de todos los colores, dice González, pero a veces no quieren ir.  

“Nos ha pasado con muchos políticos que les das tiempo para hablar y no tienen nada para decir. Ni siquiera nos sirve traer políticos. Están muy acostumbrados a la nota de televisión, donde no hay repreguntas. Son declaraciones, y para hacer declaraciones, hacelas en tu casa”, apunta. 

Por eso, sostiene, la mayoría de los invitados son personas relacionadas con la academia. 

Rodríguez también hizo un pedido de informe en el que pidió conocer en detalle los costos de producción y de las contrataciones de La Letra Chica. 

Para González, “hacer un pedido de informes es como gritar” porque los datos están disponibles en la página de la intendencia. “Es un hecho político. O que no sabe buscar en Google”, agrega. 

Otro momento de tensión en el programa fue entre González y la directora nacional de Cultura, Mariana Wainstein, mientras charlaban sobre la reapertura de los teatros. Tras la discusión, la senadora blanca Graciela Bianchi criticó en su cuenta de Twitter: “Si esto es independiente, yo soy Umberto Eco”.

González responde que en La Letra Chica son “independientes” porque son ellos los que eligen los temas. “Es mi programa. Nosotros invitamos al que queremos y hablamos de la forma en que queremos. A veces la gente desea ver un programa donde digan lo que querés escuchar. Eso es raro. Pretender que la gente diga lo que vos querés, es tan reaccionario que duele”.

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Dijo en El Observador que con la propuesta se puso a pensar en el rol de la televisión pública. ¿Cuál es ese rol?

La televisión pública tiene algo hermoso que es que lo comercial no entra en juego. La televisión abierta se ha convertido en contenedores de publicidad, y es recontra válido. Yo trabajé muchísimos años –y espero seguir haciéndolo– en lugares en los que lo importante era que el programa se vendiera, y no su contenido. La televisión pública es todo lo contrario. Tiene que tener la sensibilidad de saber qué me parece a mí que aporta a la sociedad y si tengo el presupuesto para hacerlo, lo hago. Y hay algo que hay que tener en cuenta: no deja de ser un programa de televisión, querés que la gente lo mire. 

¿Por qué la Intendencia de Montevideo también tiene que tener su canal de televisión?

Porque es un medio de difusión. Hay algo que cualquier ciudad tiene y es que lo que vos hacés, lo tenés que mostrar. Tenés que mostrar lo que estás haciendo, tenés que hacer que la gente se integre, se interese, y en un medio como la televisión, que entra a todos los hogares y de forma gratuita. Cualquier persona lo puede ver más allá de sus ingresos, o lo que sea. La función de la televisión es educar, entretener e informar. De esas cosas la televisión pública tiene que hacer sus tres banderas. 

Pero el Estado ya tiene su canal. 

Pero la intendencia es independiente. Es un cogobierno. En el interior también. Los medios de comunicación de cada pueblo y ciudad son fundamentales. Necesitás saber qué es lo que está pensando la gente que vive contigo. Eso te hace integrar, te hace sentir parte de una comunidad, de una sociedad. El canal del Estado es a nivel país, esto es a nivel ciudad, que necesita integrarse. 

Te podrán decir que con ese presupuesto se podrían arreglar las calles en tal barrio. 

Y bueno, dentro de cinco años voten a otro que en vez de un canal, decida gastar su plata en arreglar calles. Hay muchas cosas que no le corresponden a la intendencia. Lo municipal va a generar directamente un cambio drástico en tu sociedad más chica, en tu barrio, en tu cuadra. La cultura, la información, el mostrar tu barrio, el sentido de pertenencia se tienen que reforzar. ¿Esa plata se puede gastar en otra cosa? Sí. Pero muchas veces el gasto se confunde con inversión. El gobierno va mucho más allá de un gasto. La inversión es a largo plazo, en cultura, en integración, en acercar. 

Pero hay problemas que se necesitan en el corto plazo. 

Como por ejemplo…

Por ejemplo, en los barrios carenciados se necesitan soluciones a corto plazo. 

Pero eso es del gobierno. 

Hay cosas que le corresponden a la intendencia. 

¿Por ejemplo?

La calle, la iluminaria.

Las obras de saneamiento son del Estado. La intendencia lo que hace es la iluminación pública…

Pasar de calles de balastro a…

Eso es Ministerio de Transporte y Obras Públicas. 

Esas carencias son soluciones a corto plazo que corresponden a la intendencia. 

Entonces saquemos los juegos infantiles, los ornamentos púbicos, los parques. Y donde están los parques, ¿por qué no hacemos complejos de viviendas? Esas son las elecciones que toma un gobierno. Así es que se gobierna, no es cubrir necesidades que en realidad no tengan un trasfondo social. Un canal de televisión es fundamental en la comunicación, en ser integrador. 

***

Antes de pasar a Tv Ciudad, González tenía un proyecto de programa en Canal 10 que no se pudo concretar por la pandemia del coronavirus. El programa tenía un formato holandés, pero la idea era seguir la versión española. “Cuando lo vi me dio la sensación de que era un programa re uruguayo”, cuenta, pero “no estaban dadas las condiciones”, recuerda. 

¿Cómo sería su programa ideal?

Yo tengo ganas de volver a la calle. Me gusta lo impredecible, y haría algo en la calle. Me siento cómodo hablando con la gente. 

Hace años que escuchamos sobre la crisis de los medios. ¿Le da incertidumbre el futuro?

La tenía cuando recién empecé porque los trabajos eran por tres o cuatro meses. Sos vos tu jefe, sos una empresa, tenés que pagar impuestos. Los primeros años me generaba mucha incertidumbre. Venía con el chip de la oficina, el banco, la seguridad, de que me paguen las vacaciones. Y después se me fue. 

¿Ahora no tiene incertidumbre?

No, de algo voy a trabajar. Y si me toca estar sin trabajo, ya he pasado por eso antes. Es horrible, no se lo deseo a nadie. Pero he salido, me he reconvertido y he trabajado. En los medios vos te abrazás a la incertidumbre. Si no, buscá otro trabajo. Una de las cosas que hace que este trabajo sea divertido es la incertidumbre.

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